miércoles, 24 de agosto de 2016

Philip Lamantia -He dado una justa advertencia

Philip Lamantia, California, 23 de octubre 1927 – California, 7 de marzo 2005
Traducción Juan Arabia


He dado una justa advertencia

He dado una justa advertencia
Chicago Nueva York Los Ángeles han caído
He ido a Swan City con el fantasma de Maldoror que todavía deambula
El Sur es muy civilizado
He comido cola de rinoceronte
Esta es la última noche entre los cocodrilos
Albion abre su puño en un palmeral
Observaré joyas moteadas crecer en la parte posterior de los barcos de guerra
La exultación cabalga por
una amapola del tamaño del sol en mi cráneo
He dado una justa advertencia
En el momento de las nubes y de los cadáveres aquí puedo hacer el amor como
en cualquier sitio

lunes, 22 de agosto de 2016

Diane di Prima -El día que te besé…

Diane di Prima, Brooklyn, 6 de agosto 1934
Traducción José Vicente Anaya


El día que te besé…

El día que te besé, la última cucaracha
se murió. Las Naciones Unidas
abolieron todas las cárceles. El papa
admitió a Jean Genet como miembro
del Colegio de Cardenales. La
Fundación Ford, con gasto enorme,
reconstruyó la ciudad de Atenas.
El día que hicimos el amor, el dios pan
volvió a la Tierra, Eisenhower dejó
de jugar al golf. Los supermercados
vendieron marihuana. Y Apolo leyó
poemas en el parque Union Square.

El día que retozaste en mi cuerpo
las bombas se disolvieron.

sábado, 20 de agosto de 2016

José Barroeta -Todos han muerto

José Barroeta, Trujillo, 24 de octubre 1934 – Mérida, 5 de junio 2006


Todos han muerto

Todos han muerto.
La última vez que visité el pueblo
Eglé me consolaba
y estaba segura, como yo,
de que habían muerto todos.
Me acostumbré a la idea de saberlos callados
bajo la tierra.
Al comienzo me pareció duro entender
que mi abuela no trae canastos de higo
y se aburre debajo del mármol.
En el invierno
me tocaba visitar con los demás muchachos
el bosque ruinoso,
sacar pequeños peces del río
y tomar, escuchando, un buen trago.
No recuerdo con exactitud
cuándo empezaron a morir.
Asistía a las ceremonias y me gustaba
colocar flores en la tierra recién removida.
Todos han muerto.
La última vez que visité el pueblo
Eglé me esperaba
dijo que tenía ojeras de abandonado
y le sonreí con la beatitud de quien asiste
a un pueblo donde la muerte va llevándose todo.
Hace ya mucho tiempo que no voy al poblado.
No sé si Eglé siguió la tradición de morir
o aún espera.

jueves, 18 de agosto de 2016

Alejandro Crotto -Acá el fuego transforma la madera en más fuego

Alejandro Crotto. Buenos Aires, 16 de marzo  1978


Acá el fuego transforma la madera en más fuego

I. Como forma la ostra en su interior…

Como forma la ostra en su interior la perla
exacta, esta canción nacida desde un punto
que quema, y escondida, esta canción tensada
en ese ardor. Un íntimo relámpago, el fulgor
dándose forma luego de encendida crisálida
de nácar, pura herida, pura brasa encriptada,    
espina y flor. La sílaba, su voz, dijo tu nombre,
metió a tu cuerpo –y quema y da placer– la encina
entera en una actual bellota. Está en tu cuerpo
ahora, no te asombre que así de dulce duela
componer su potencia precisa, su alta nota.

II. Así como la lluvia cae del cielo…

Así como la lluvia cae del cielo y se filtra
fecunda y no regresa sin haber empapado
a fondo el suelo para que nazca trigo, harina
espesa y pan; así como la brasa viva
en la ceniza yace oculta y luego al dársele
por fin lugar se activa con creciente fulgor
y enciende el fuego; así como la savia tras
la espera del invierno por vasos diminutos
despierta a los sarmientos y genera con íntimo
cuidado flores, frutos... Así el verbo que sale
de su boca hace nuevas las cosas si las toca.

III. Acá el fuego transforma la madera…

Acá el fuego transforma la madera en más fuego.
Venía con premura su llama calentándola
por fuera y la incendió cuando la vio madura.
Y aunque sea fuego es agua verdadera, una fuente
que mana con dulzura. Y esta sed –que uno sacia
cuanto quiera en el agua– saciándose perdura.
Es fuego que al morderte te repara, corriente
enamorada de agua clara. Fuego feroz
de llama tierna: pira, manantial que renueva
al que lo mira. Es fuego, es agua el vivo amor,
ahora tiembla un dulce poder que me enamora.


martes, 16 de agosto de 2016

Amiri Baraka -Todo cuanto no comprendemos

Amiri Baraka, Nueva Jersey, 7 de octubre 1934 – Nueva Jersey, 9 de enero 2014
Traducción Carlos Bedoya


Todo cuanto no comprendemos

Todo cuanto no comprendemos
es explicado
por el Arte
El sol
palpita dentro
de nosotros
El espíritu fluye
fuera y dentro
de nosotros
Una cíclica transbluesencia
bombea dentro
del Detroit Rojo,
profunda nos traspasa
como un Mar
& quien nos llama amargos
nos ha amargado
y de esa herida
escancia Malcolm
Poco
a
Poco

domingo, 14 de agosto de 2016

Vahan Tekeyan -Llueve, hijo mío

Vahan Tekeyan, Constantinopla, 21 de enero 1878 – El Cairo, 4 de abril 1945 
Traducción del inglés Jonio González


Llueve, hijo mío

Llueve, hijo mío... El otoño es húmedo,
húmedo como los ojos de un pobre amor engañado...
Ve, cierra la ventana y la puerta,
después ven a mi lado, ven, siéntate frente a mí

en un silencio supremo... Llueve, hijo mío.
¿Llueve también a veces en tu alma?
¿Se estremece también tu corazón? ¿Tiemblas
al pensar en el brillante y pasado sol

detrás de una de las puertas cerradas del destino?
Pero lloras, hijo mío... En la oscuridad, enseguida
brotan lágrimas de tus ojos húmedos, de tus ojos húmedos...

Derrama, derrama las lágrimas de la inocencia pronto perdida;
llora sin saber, mi pobre, imprudente hijo,
la pobre plegaria de la vida; llora que puedes crecer.



viernes, 12 de agosto de 2016

Carlos Battilana -Parrilla

Carlos Battilana, Paso de los Libres, 19 de septiembre 1964


Parrilla

Sobre el fin de la calle
rumbo al cuartel
hay un asador:

es verano
pero corre una pequeña
brisa.

Mi padre
mi madre
nuestros hermanos
disfrutan de la cena
familiar
al aire libre.

No hay nada que temer
estamos abrazados por el campo
el mundo acontece en ese punto
minúsculo del universo. Tengo
seis años. Conozco
todo
lo que me circunda.
Somos libres
en el lugar.

Mi padre es feliz;
se rodea de sus hijos
de su mujer
tiene información suficiente
para proveernos
durante algunos años:
axiomas, libros, narraciones
de adolescencia.
Ahora que
su muerte es fresca
y reciente, recreo el instante
en que mi padre
distribuye la carne,
las achuras, las ensaladas
en derredor.
Mi madre lo roza con los ojos
y deliberadamente
lo deja hacer
deja que su fuerza crezca
allí, en ese punto
minúsculo del universo.