miércoles, 26 de julio de 2017

Diti Ronen -Un Pecho

Diti Ronen, Tel Aviv, Israel, 16 de abril 1952
Traducción Gerardo Lewin


Un Pecho

1

Con un marcador azul, en el espejo,
marco los límites del antiguo pecho
extirpado
de mi madre.

La línea se alza curva
para caer – desalentada –
en el hueco de la axila.
Ahora la diagonal.
Pero no,
resulta imposible
mover
la mano.


2

Algodono las heridas del pecho ausente
con blandas vendas bien acolchonadas.
Las deposito con cautela una por una
para paliar tu dolor y ocultarme
de la cicatriz.


3

Mamá,
tal vez
para mayor seguridad
conviene que salgamos esta noche en secreto,
que enterremos el pecho cercenado
en las profundidades,
que pisoteemos largamente la tierra amontonada.
Tú y yo escupiremos
tres veces
a los cuatro vientos,
arrojaremos dagas,
trazaremos círculos en el aire,
clavaremos cuchillos en la tierra,
murmuraremos con las palmas alzadas,
oraremos y entonaremos cánticos,
nos pondremos de pie, meditaremos,
haremos abluciones,
volveremos a escupir otras tres veces
y nos iremos.

Ya en la casa cerraremos fuertemente los ojos,
aguantaremos la respiración
durante diez años
y con los dedos cruzados
nos sentaremos a esperar.



lunes, 24 de julio de 2017

Nicolás Antonioli

Nicolás Antonioli, Florida, Buenos Aires, 19 de enero 1985



12

Bustriazo donde te hiciste esa herida?
La tiniebla se desviste con el horror de llegar a la verdad
Güemes habla de la patria secreta
De los días en que nos excedía la tortura
Hablo de la sumisa forma en que los pueblos
Se revuelven las tripas por nada
Qué hacer para salvarnos en un acto de heroica perpetuidad
Abolir las partes serviles del poema
No todo habla de la muerte del poeta
La gente tiene virtudes afrodisíacas
En los bondis que van hasta el velorio
Del hombre
En la ambigüedad de Olga Orozco
Que se traslada al plano de la realidad
María Meleck Vivanco se cruza una herida
Frente al espejo para volver a la raíz del poema
De lado a lado corre la sangre de la palabra nunca

15

                                                             “regalaréte lengua ansiosa
                                                              hasta agoniarte y fallecérteme”
                                                                        Juan Carlos Bustriazo Ortíz

Así haz de entibiada luz
Corónate de ademanes y ejecutorias del miasma
Encarceladas en la humareda del solsticio de Abra Pampa
Como un claror de madre yerta o de cosmogonía
De pelambres o sistémica elucubración
Devuélvenos Battistón  la poesía y oh psiquiatría
La imaginación poética
En la duramadre de mis más turbadas noches de insomnio
Mujer yarará que oscura sigmundeas en lo penumbroso
SÍ, LA LOCURA ES BERMEJA

19

Es un buen número
La superstición
Escribo en Jujuy a orillas del Río Grande
Siendo las 11 horas del día menos pensado
Sin saber de lo que hablo cuando digo que los testigos
De todo dolor morirían en el absurdo e impensable ejercicio
De saber que aún no hemos escrito
Aún no hay libro de promesas
No hay humanidad
Aún no hay lectura crítica ni nación
Nada está terminado aún
Ni nació un Tolstoi en el altiplano
Ni tanto ni tan poco
Se diría que la literhartura está en su etapa larvaria
Por contraposición
Toda aproximación es ficción o mentira sobre la mentira
Sobre la mentira
LA LOCURA ES LA MANÍACA COMPULSIÓN
DE DECIR LA VERDAD OCULTA DE LAS COSAS OCULTAS

20

Si es así como dicen
Decláreseme en estado de locura permanente
Como antes de la llegada del eremita
En esencia decir la verdad no es de poeta
Sino de mujer siniestra que boga en su maridaje
A qué extraña fuerza pertenece el orgasmo?
Con qué enfrentar al hombre y al eco del hombre
Poseída en la crónica de un cuerpo mutilado por decir sólo la verdad
Con los verbos necesarios para enfrentar al cobarde
Que husmea en la maraña de quejidos
O grititos del vientre
Entonces con qué enfrentar al hombre y al eco del hombre

sábado, 22 de julio de 2017

Fabián Casas -Los ciclos

Fabián Casas, Boedo, 7 de abril 1965


Los ciclos 

Estuve charlando con tu verdugo.
Un hombre pulcro, amable.
Me dijo que, por ser yo,
podía elegir la forma en que te irías.
Los esquimales, explicó, cuando llegan a viejos
se pierden por los caminos
para que se los coma el oso.
Otros prefieren terapia intensiva,
médicos corriendo alrededor, caños, oxígeno
e incluso un cura a los pies de la cama
haciendo señas como una azafata.

"¿Es inevitable?", le pregunté.
"No hubiera venido hasta acá con esta lluvia", me replicó.
Después habló del ciclo de los hombres, los aniversarios,
la dialéctica estéril del fútbol, la infancia
y sus galpones inmensos con olor a neumáticos.

"Pero", dijo sonriendo,
"las ambulancias terminan devorándose todo".
Así que firmé los papeles
y le pregunté cuándo iba a suceder...
¡Ahora!, dijo.
Ahora
tengo en mis brazos tu envase retornable.
Y trato de no llorar,
de no hacer ruido,
para que desde lo alto
puedas hallar
la mano alzada de tu halconero.

jueves, 20 de julio de 2017

Julio Carabelli -Amarga rutina

Julio Carabelli, Bs As, 8 de octubre 1940 – Tucumán, 6 de diciembre 2014


Amarga rutina

Ella apagó su cigarrillo
diciendo:
-esto es una peste-
-una mierda- dije yo
y estiré mi mano bajo la mesa tratando
-todo es igual- dijo doblando el diario
-una calamidad- le aseguré sin poder
le quedaba un sorbo de cerveza
un sorbo
y llamé a la muchacha que nos atendía
la llamé para pedirle otra botella
porque de pronto
al no poder tocarle las rodillas
sentí sed
una sed infinita como un océano de sed
aunque sean duras
aunque sean duras las rodillas
son la entrada
la puerta a zonas más delicadas
zonas a las que la piel va conduciendo
con la suavidad
y puedo imaginar sus poros abriéndose
como esa botella
una botella abierta por una mano femenina
una botella abierta así deja de ser una botella
pero no pude explicarle eso
no pude
porque había bebido mucho y lo único
era tocar sus piernas
su rodilla de vidrio
su puerta de exiguo jadeo que se abrió
como una palabra
y a la mañana siguiente
al dejarle unos pesos sobre la mesa vi
cómo bailaba en sus hermosos ojos
toda la tristeza del universo
esa tristeza que
le había impedido
rasurarse el bigote como todos los días.

martes, 18 de julio de 2017

Alessandro Canzian -Olga

Alessandro Canzian, Pordenone, Italia, 18 de febrero 1977
Traducción Antonio Nazzaro


Olga

La muchacha de nombre Olga
es una muchacha que no conozco
ni nunca me enamoré de ella.
Pero si me la imagino la pienso
con la piel blanca como los cabellos
de mí padre, y el seno grande
-pero la memoria no deja ver-
y con el útero profundo
como la oscuridad dentro de un hombre.

La muchacha de nombre Olga
camina cada noche a mi puerta.
A medianoche, once y algo,
con los tacones bien pisados
para hacerse recordar. Sé que alguien
se ha quejado. Luego la otra
noche la oí gritar
colgada a las manos de su pareja.

Ayer se llamaba Olga, mañana, Carla.
Su nombre no tiene importancia
en el trascurso del cuento. Su
dolor es igual a su placer, Olga
sabe que el bien y el mal son pares
más allá de tapetito que divide desde el exterior
el tejido suave de la vida.
Se ruega de tocar para entrar.

La muchacha Olga es una muchacha
que viste siempre con mucha cura,
refinada, hasta en las fisuras.
Habla correctamente cuatro idiomas
o cinco, nunca la escuché.
Viaja a menudo por trabajo.
Es desde las crujías del muro
que conozco su fe, nocturna,
cuando ruega a Dios con las rodillas.

La muchacha Olga me la imagino
el lunes con un vestido amplio,
coloreado, muy llamativo.
El martes con algo más adherente
a su piel, y así siguiendo
adelante en el vacío de la semana
cada vez más fajada a sus piernas.
Los cabellos recogidos, porque le caen.

La muchacha de nombre Olga
se corta las uñas cada martes
por la mañana, casi fuera un rito,
una cosa importante para el mundo.
Y tiene una mano entre las piernas
para respirar el aliento de Dios
cada vez que se duerme.
La muchacha de nombre Olga
está enamorada de forma abominable.


domingo, 16 de julio de 2017

María Meleck Vivanco -Canciones para Ruanda

María Meleck Vivanco, San Javier, 23 de junio 1921 – Maldonado, 8 de noviembre 2010    


Canciones para Ruanda



1.   Solitario escorpión de amarillo purísimo
     Con erecciones que delatan la guerra


Bajo las puras rosas  Las palabras más áridas resisten
Bermellones y negras fulguran casuarinas  Languidecientes
brotes y viento atribulado
Atadas están al carruaje del sol y a la desolación del mundo
Acompañan postales con dinamita y gritos de locura
Pronto desaparecen todos los ruidos del amor  Mezclados
con amuletos consumaciones y presagios  Amor que se
complace con herejías y reniega del hombre
Piratas como dioses sellan la última puerta  Como mudos
sonámbulos de otro lagar oscuro  De otro violín de
infortunada melodía
Texturas para un cielo que contrasta el furor  Doble corona
De infaustas mariposas  Paneles que se cierran por adentro
Huestes que ardieron antes y yacen apagadas recubiertas de
sal  En cautiverio  Solamente nube rizada de pólvora y ángel
desvelado
Oh aldeas enterradas y lábiles como el fino temblor
Espacios de inocencia  Nieve de la tristeza que encanece
jardines  Llamador insistente en la desierta alcoba
abandonada
Aquietad remolinos Tened piedad en esta angustia larga
Resistid el escombro de inauditos recuerdos

Porque en Ruanda aún se abren blanquísimos capullos  Y en
Ruanda todavía los espejos resplandecen



2.   Las banderas de orfandad  Enrojecen la lluvia


La partición de las estrellas  Descubre oscuridad sobre los
mismos cuerpos que luminosos nos herían  Agotados estaban
de escandalosos sueños  Sin conocer del llanto esa orla de
pies inertes  Su filo de flamencos que van minando las
profundas sedas  Las mordidas de besos  Las diminutas lunas
de la mano
Deseo por deseo  El borde de mis labios amaneció vacío
Adormideras del mar  Retengo a mi costado  Escalofrío de
extremaunción convocan las campanas  De norte a sur  Su
oficio de follaje y negra sed se instala en las murallas  La
palabra cabeza funda banderas lejos de su templo  En ingle
alucinada  En rojo ardiendo  En gotas de atormentados niños
cayendo a sobresalto  Aullando a flor de vientre desde una
comisura de relojes
Busco el secreto manuscrito de Ruanda  Su memoria
discriminada al cielo polvoriento
Y el pobre Dios cruzaba la frontera esparciendo como al acaso pétalos   Naturalmente la víspera caían  Abriendo al mundo
de par en par sus ritos para que entrara el mago de la suerte
Y pagar su rescate de azucenas  Desnudo hasta el cabello

Prendido de una nube como si fuera un ángel



3.   Y el valle violento es como un matuasto al sol
           Galopado de turbulencias


Volvía del castigo  Y recordé los tártagos  Donde enredaba música la luciérnaga triste con instrumentos traídos de la guerra
La huída a contraluz  Los corredores que sepulta la tierra gris y el viaje de la aurora  Cuidan mi corazón  Mi vino pálido que noche a noche sorbe la metralla
Yo he intentado morir  Y no he podido  Desciende el viento pero nunca muero   Quema lágrima heroica en carne que supura tanta impiedad  Tanta neblina ansiosa

Dios proteja esta herida dulcemente  Y entorne las ventanas del espejo

       

4.   Como una caracola la muerte estará en otro ruido
      Como un higo de luto  En otros dientes de tímido
      conocimiento blanco


Oscuros umbrales de revelación  Sostienen temerarios la edad
impura  O el cuchillo de plata a la intemperie  O la caravana
que alisa arenas y castiga a los pájaros heridos  (Cuando aparece
el huésped persignarse)
La inocente descubre ceremonias en los huesos de un niño                                                              
Voraz una cascada de nieve derretida  Lava de olvido su alma                                              
Red luminosa fluye en el coro de renacuajos del diluvio  Y
plegaria comulgante en el oído sordo de tristeza sobre tristeza
Ruanda inventa un corazón para olvidar  Suelta lujurias en
los ojos velados que encienden la imaginación  Aquí en su piel
existe una rosa cautiva perversamente lastimada  Es la rosa
esclava de secretas voces  La casa desprovista de manjares y
paciencia   Los fantasmas del ancestro que convocan animales
libidinosos y grifos de ruidos permanentes  Dioses sorprendidos
en el Kivú  Apostados entre mariposas salvajes
Oscuros umbrales de revelación  Cuerpos destruidos de tanto
vagabundeo sin brújula  Con su joroba verdinegra que asoma
en la claraboya de la luna

Deseo comparecer a tu lado Ruanda de incestuosas lágrimas
Efímera  Como tu pulso de felicidad invisible





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viernes, 14 de julio de 2017

Edimilson de Almeida Pereira -Baúl inglés

Edimilson de Almeida Pereira, Minas Gerais, 18 de noviembre 1963
Traducción Renato Sandoval Bacigalupo


Baúl inglés

Casado, mi viaje empieza.
Dejo a la esposa y algún beneficio
para el recién nacido: pensaré
en él mientras el barco surca
el canal de la mancha. Entiende,
es para el bien de la familia la mudanza.
No amo Birmingham más que Faído,
pero el dinero se planta al otro
extremo del canal de la mancha.
Abriré un hotel distinto y cada
año volveré para saber de los hijos.
(¿Y la esposa? Aparte de lo casero
¿no pide otra merced?)
Entiende, la vida tiene sus suturas.
Conseguí un baúl macizo
donde caben las ansias de quien
se habituó a la montaña y a las
lides de la mañana. (La esposa, además del
delantal, ¿no querrá otro lazo?
¿El fuego que no se aparta y entre
un cariño y otro no se limita
al parto?). Entiende, Birmingham
no está lejos, y este baúl inglés
recibe los saldos que las castañas
de Faído no garantizan. (La esposa
no come, se descabella y las uñas
hieren el viento). Entiende, un hotel
no se abandona así: la lista
de clientes impide otra mudanza.
El amor que me ame entre Faído
y el canal de la mancha. (¿Sedujo la noche
a la esposa? Ella se entregó, qué importa).
Rentas sobran en el banco, clientes en el
hall. El idioma ajeno habla, si me callo.
Calienta la mesa de tanto fruto. Pero
el baúl, ¿por qué se vacía en el lucro?)