miércoles, 24 de mayo de 2017

Arnaldo Calveyra -Yo muero todavía

Arnaldo Calveyra, Mansilla, Entre Ríos, 23 de marzo 1929 – París, 16 de enero 2015


Yo muero todavía

Te lo digo, te lo digo, tienes que creerlo, nos estamos
volviendo esta cosa increíble que es el amor, un brazo es un
abrazo, las estrellas más se internan descalzando floras, tus
enanos muertos que pisabas ayer tarde, el agua, las aguas
aquellas que miramos con un oído atento hacia las caras, sin
saberlo, sin saberlo.

El viaje largo presentido, larguísimo callado, la casa por
la copa de los álamos, el lado de sombra de tus ríos, la pandora
alta queridísima entregada con una mano, aquella
palabra que llegó una tarde a pasar la vida con nosotros.

Encendido por el viento, ningún manantial pisa la tierra,
el amor había nomás que darlo todo, si no ¿quién habría de
quedarse en casa cuando ya todos nos hayamos ido?, invierno
de aquel año en qué moríamos de niños, nada cesa pero
el amor no cesa, ¡qué mineral cuánta greda en un fantasma!

Yo sé, tienes que creerlo, yo muero todavía, ya me animo
al amor con los ojos abiertos, yo lindo todavía, alambrada
mía, río de sonda que me paras en dos patas de conseja
camino hacia tus bocas, dame de esas lámparas que pasan,
de esas estelas que se apagan al hallarse, llévame para siempre
conmigo fuera mío, no dejes que yo entre más en tantas
casas sin hallarte, los mil dedos por noche de mis manos,
laberinto que no extravías al que abre la boca sin su grito
mudo, escucha, no escuches a las alas que no coinciden al
cerrarse, nos estará, sí, ya gozando la inolvidable muerte.

lunes, 22 de mayo de 2017

Hilda Hilst -Cuerpo de luz

Hilda Hilst, Sao Paulo, 21 de abril 1930 – Sao Paulo, 4 de febrero 2004
Traducción Roberto Amézquita



Cuerpo de luz

I
Caminas en dirección al Sur. Lo que te mueve
es alfa, Adonai, Clarísima Morada.
Tu pecho es transparencia en plenitud alada
y no te veo en la distancia y en el tiempo.
Sé que la memoria es límpida cancela
y que viaja a solas, eterna.
Y siendo así, a ti te reconozco.

II
Tú no estás conmigo. Ni en tu noche
de antes, de granito. Ni tu voz
es voz entre murallas. Estás ahora más allá:
Arco del infinito.

III
Tu sueño no es el sueño vulgar.
Entiendes la vigilia
y aprehendes a través de la opacidad.
También así
reposa el mar.

IV
Se cerró para lo efímero de las cosas
lo inconmensurable de la retina.
Así sedimentes la Verdad:
Frente de opalina.

V
Poeta, los hombres manipulan la materia.
Artífices del gran sueño se dan las manos
y es mí canto el fruto de esa espera.
Canto como quien talla la piedra. Te celebro
en la más alta metamorfosis de mi época.
No cantaré en vano.

VI
Hay un espacio finito donde mi canto vuela.
Y en lo multidimensional, en la estructura
donde la realidad se rehace, tú te demoras.
Pastor, lo que parecía tangible se evapora.
Y sobre nosotros, la grande noche
en una etérea nada, yace.

VII
¿Sabías de otro tiempo? El universo
Ahora se parece a un gran pensamiento.
Tú cantaste el espanto, ala de silencio.
Yo canto el espíritu
que penetró en el reino de la materia:
Ala de espanto del conocimiento.


sábado, 20 de mayo de 2017

Carlos Dariel -El instante

Carlos Dariel, Bs As, 1 de agosto 1956


El instante

 se toma y se escapa
cresta de ola

 un ojo avezado
no intenta
consiente en ser
testigo inútil

 le basta
            sin sobrarle nada
con abrirse feliz
sabedor de que
            se gane o se pierda
el fulgor lo alcanza

jueves, 18 de mayo de 2017

Diana Azcona Trejo -Crónicas de hospital

Diana Azcona Trejo, Ciudad de México, 15 de abril 1982


Crónicas de hospital


                 Explicar: diversión de los vientres rojos con los molinos de 
                 los cráneos vacíos.
                                        Tristan Tzara | Primer Manifiesto Dadaísta


 I

¿Qué pensaste, cariño,
en ese último momento en que pudiste pensar?
¿Pudiste pensar?
¿Recordaste el brazo roto de tu hija?
¿Sentiste el olor de mi pecho?
¿Sentiste mis náuseas?
¿Te dolía la cabeza, amor, mi cabeza?

Te atormentaba todo, lo sé.
Querías salir de tu cuerpo
mucho antes del
golpe
antes                                               del  vuelo

mucho antes del  es
ta lli do.



II

Te vi entrar al quirófano
con la mano vendada y nuestras discusiones
en las piernas.
Saliste de ahí después de tres horasmeses,
a las dos de la tarde.

Llegaste a Terapia intensiva
luciendo un bellísimo y moderno aparato
que medía tu presión intracraneal
y mis remordimientos.

Entré a verte después del espantapájaros.
Le grité al médico:
¡tu habitación no tiene vista al mar!
Lloré por tres minutos sobre tu sábana
y recité Hora de junio
para matar el noventaynuevepuntonueveporciento de los gérmenes
que dejó tu madre durante su visita.

Luego de la ablución, me senté en el corredor a leer
El Lazarillo de Tormes.
Cuando terminé,
habíamos cumplido ya
doce años de no amarnos
y no pude más que maldecirte;
te maldije por haberme dejado aquella noche,
sin farol y sin cigarros.



III

En el papel dice
que yo autorizo:
una parte de tu cráneo
será resguardada en un banco
helado                      de tejidos.

En el papel dice que tu frente
esperará por ti doce meses.
Después,
no podrá regresar a tu cabeza.

Yo lo firmé.



IV

Me pidieron una cánula de Jackson.
Yo solo pensaba en tapar con mi lengua
el orificio de tu garganta
para que no se te escaparan
mis tormentas.



V

Ahora,  en esta hora en la que yaces
brillante, horadado y febril,
en medio de esta ri dí cu la asepsia

no te acaricio porque no te reconozco.

Los médicos dicen que eres tú,
que eres tú de treinta y nueve años
que eres tú zanahoria
que eres tú neumónico
que eres tú hidroce¿fálico?
que eres tú mórbido.

Pero a mis manos
―insoportablemente viudas―
no las inunda  tu espuma
ni  las abrasa tu incendio,
y se niegan a ser sudario
para ese cuerpo
que ya no te pertenece.



VI

¿No escuchas la nada en mis pestañas?
¿No sientes el silencio de mi espalda?
¿No ves que no tengo nada de tanto que tengo?
Las pocas horas que nos quedaban
hoy sólo son tiempo,
ni siquiera la espera
ni siquiera la muerte.

Puedo alimentar la pena,
vivir de la angustiosa oscuridad
que nos habita,
vivir afuera de la noche
afuera
de tus dedos,

puedo.



VII

Fumo
muy cerca de tu ventana:
cama cuatro, Terapia intensiva.

El humo que exhalo
podría desinflamar tu consciencia,
entibiar tus pies o tu frente hundida.

Tal vez.



VIII

Salgo de la sala de urgencias al amanecer,
luego del informe médico: dicen que no has despertado.
Prendo un cigarro   o dos
y leo un poema      o dos.

Hago lo mismo desde hace muchos días,
no sé exactamente cuántos:
he perdido la capacidad de medir el tiempo.

Siento como si llevara años viviendo aquí,
como si la entrada del hospital
fuera el comedor de nuestra casa,
como si los parientes de los otros enfermos
fueran de nuestra familia;
los observo y padezco con ellos:
el padre de Alfonso luce abatido
esta mañana
el pulmón de su hijo colapsó;
la hermana de Silvia ,
paciente de cáncer,
llora tranquila y come tamales
mientras espera a que le entreguen a la muerta radiada;
la casi viuda del hombre comatoso bebe café,
lee un poema   o dos,
prende un cigarro
y no sabe qué hacer ante el esplendor de la despedida.



IX

Hay una mancha de sangre en el frasco de Propofol


un catéter en tu abdomen
un desierto en el catéter
una boca que cayó de tu mano
tu mano que se abrió    caracol

Pero no me importan el catéter en tu abdomen
el desierto en el catéter
ni la boca que cayó de tu mano   caracol

He escrito todo esto solo para decir
que solo quiero decir que odio los lunes,
que este miércoles parece lunes
¡Y que hay una maldita mancha de sangre en el estúpido frasco de Propofol!



X

Seguimos aquí
en silencio.
¿Cuánto días han pasado?
Dicen mis amigas que van doce.

Tú duermes y, a veces, abres los ojos;
los abres cuando chupo tus dedos
o muerdo tus pies, los abres y no me miras.

Yo escribo, pero no escribo
leo, pero no leo, respiro y no;
pienso en palíndromos: lugares comunes:
hospital es palíndromo, lugar común y  aliteración

chupo tus dedos para que abras los ojos.



XI

Los cirujanos abrieron tu cabeza
y me encontraron allí:
una inflamación descomunal
de once años de podredumbre.
Rompieron tu cráneo
para que yo pudiera salir caliente, dormida y fétida.

Así que abrázame, porque he nacido, abraza a tu parásito.
Dame una nalgada para que llore y tiemble de miedo y de placer,
acaricia mi sexo anquilosado y luego termina de morirte.



XII

Tu sueño:
vacío en clave de anestesia

Polvo    polvo
que se asienta en los ojos
por  saberte ¿invierno?
en los jamases de mi pies.



XIII
                                                                                                   Para  J.L

Ellos no saben nada del horror,
no saben de tus manos secas, del  castigo,
de tus lilas casi rojas
ni que tu espalda se hizo piedra.

Tampoco saben que has muerto
sin perdón y sin tu pléyade.

No  dejaré que lo sepan
no se los diré.
Lo digo todo, pero nada digo.



XIV

Hambre   ruiseñor    lengua
me piden que te cuente la vida
Memoria   abstinencia   clavos
dicen que me escuchas
sangre   tristeza   antibiótico
que mi voz te hace bien
coágulo   neumonía   café
que te diga lo que hago mientras duermes
fiebre   ceremonia   vómito
que los sonidos familiares estimulan tus neuronas
neuronas   neurólogo   neurosis
que la música te ayudaría
Bach   Schumman   ¡Shumman!
que la música que más te gusta
silencio   silencio   silencio
que no, que no me quede callada
silencio   silencio   silencio
me iré mañana a las ocho en punto.


XV

Me vino el olvido
entre las cinco pe eme
y quinientas gotas de tu carne.

antes de la noche,
después de la orilla,
entre Urgencias y la Sala de Choque,
a once lágrimas de altura.

Indolente, quebré mis párpados
(mirlos enfermos),
y fueron balas
para la tarde de esa mañana
desbocada y húmeda
en la que
cerré las piernas, apreté los puños
me vino el olvido.







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martes, 16 de mayo de 2017

Alfonso Sola González -Recordando esta noche a Lenin

Alfonso Sola González, Paraná, 12 de mayo 1917 –Mendoza, 19 de abril 1975 


Recordando esta noche a Lenin

Escupe camarada sobre tu libro abierto
Mientras mi amada se desnuda en el baño
Y abre la canilla del agua caliente
Y me llega,
A través de la puerta sellada
Su dulce ruido adorado
El rumor de sus senos mojándose, llamándome.

El día ha llegado a su fin
Y abandono en la silla que velará la noche,
La corbata pintada por señoritas ciegas y otras flores aún tibias
Que ya no sirven para nada.
Y la lámpara alumbra en la revista de los tigres tristes,
Tu hermosa barba revolucionaria.

Escupe en tu último espejo de nieve, camarada,
Y él te devolverá los fusiles sagrados
De los Doce.

Ya la puerta se ha abierto
Y oigo sus pies desnudos
Caminar en el lento pasillo
Entre cucarachas y tanta niebla escrita
Mientras lentamente dispone las cosas de la noche.

Recuerdo que tal vez fui tu amigo
Tal vez, sí, inútilmente;
Que fui tu sacerdote desalmado
Viajando en sucios trenes con soldados y putas
Hacia el palacio oscuro de la revolución.

Ahora, todo aquello es ya nada,
Apenas un jardín sideral poblado de profetas
Que olvidaron la primera y la última palabra,
Apenas una página inútil escrita en el libro de Dios,
O tan sólo tu barba de nácar en un panteón sin nadie.

Y caminábamos en la marcha de los Doce
Bajo la luna ametrallada de Siberia.
Eramos doce y solamente uno
Bebiendo en las tabernas del camino perdido,
Matando a los heridos en los hospitales,
Clavando bayonetas en las sotanas de los curas.

Doce aullando sin piedad
Y sólo éramos Uno.

(En el museo de cera
Cantan los pájaros del bien y del mal).

Y algunos se posaban dulcemente en tu cabeza calva
De viejo sifilítico
Y entonces admirábamos tus ojos de soldado ciego
Quemándose despacio
En los tabernáculos secretos del Partido.

Y yo llevaba la granada del sol entre los dedos sucios.

Ya te esperan los escribas del furtivo testamento apócrifo
Ya ves a los purpúreos burgueses que lamen dulcemente la hoz
Y adoran el martillo de oro.
Y los Doce caminan
Y violan duquesas silenciosas
En las tabernas incendiadas.

Ya te esperaban los embalsamadores
Y El Jefe,
El buen traidor de blusa campesina
Que bailó el vals vienés de la Internacional
En el viejo palacio iluminado por las antorchas de los proletarios
Y por las tetas perfumadas
De las bellas esposas de los Embajadores.

(Ya sé, querida mía que este no es un buen poema,
Que tu pelo es más hermoso que todo lo que yo pueda escribir
O decir
O mentir en los tribunales de la noche.
Pero aquí están los doctores del templo
Los rufianes de las sirenas melodiosas que cantaron
Para el astuto Ulises,
Los carceleros de las viejas rosas
Lamiendo inodoros de hollín y mierda fría.
Y entonces sólo sé ladrar a la pérfida luna
Y a su madame de terciopelo negro en el cogote,
A los secretos mercaderes del fuego,
A la Gran Puta de tetas majestuosas
Que fuma el gris tabaco de los muertos
En el umbral de la Puerta Cerrada.

Ya sé querida mía, que no debiera injuriar a los malditos
Porque ellos reinarán
Y aún serán reconocidos en el fin de los tiempos.
Yo sé que sólo quieres que me cubra la boca con tu pelo
Para borrar estas palabras,
Para cegar con tierra enamorada estos ojos que odian,
Para cifrar estos dedos de sándalo
En el último acorde de tu arpa caída.
Pero
Tal vez,
Ya sea tarde).

Y eran doce los alegres bandidos en su marcha.

Camarada, mi amigo, mi compañero Lenin,
El más terrible y justo,
Mi mano por el amor gastada, se ennoblece
Cuando escribo tu nombre
Sobre el fusil y el viento del poema.

Mi amante duerme ahora, desnuda en su enorme inocencia
Y yo tendría que cerrar los ojos y soñar que no es ella ni yo los que dormimos
Este mar de la muerte.
Pero la lámpara encendida
Ilumina en la vieja revista, tu bello rostro de asesino, camarada,
Y vuelvo a recordar la marcha de los Doce.

“Salta burgués como un pájaro!
Beberé tu poca sangre,
Por mi querida,
Por los ojos hermosos de mi amante”.

Y mi muchacha dormida respira el lento sol de la noche
Y oigo el ronco trueno de los Doce con su bandera roja en el invierno.

“No tienes las manos sangrientas
Por el amor de tu Katia?
Camina al paso de la revolución,
El enemigo acecha y no se rinde.”

Y el enemigo, acaso, eras tú, Vladimiro
Con tu barba de Sevres embalsamada
O acaso era el amor de Katia
O el sueño de esta muchacha oscura cuando apago la lámpara y voy hacia su sueño,
O acaso nada más que una madera
Viva cruzada sobre el mundo
¡Oh secretos Caminos de la Revolución¡

domingo, 14 de mayo de 2017

Almog Behar -Poema para los presos en las cárceles

Almog Behar, Netanya, Israel, 10 de noviembre 1978
Traducción Gerardo Lewin


Poema para los presos en las cárceles

Escribí un poema para los presos en las cárceles
y se lo mostré a mi padre. Dijo:
¿De qué les servirán poemas a los presos
y quiénes somos para menospreciar la justicia
de oficiales, jueces y legisladores?
Le dije: es sobre nuestra propia prisión que escribo, padre.
Con el final de cada día regreso a mi celda
para aguardar indicaciones de remotos carceleros:
ya me dirán si debo encadenar mis manos
o reclamar la libertad golpeando
contra los barrotes de la ventana.

Me dice: los sueños del poema por tu boca hablan
y tú te encuentras fuera de los muros carcelarios,
no te he criado para que vivas prisionero; hijo,
te enviaré si quieres a estudiar derecho,
quizá te vuelvas juez y en lugar de poemas escribirás sentencias
para aliviar de penas a este mundo. Le dije: padre,
hijo soy tuyo y no me has criado para que te tema,
la prisión mayor es que tú y yo y nos incluye,
ahora mismo el guardián te ordena desconocer tu encierro,
te indica pedir permanecer dentro del límite de tu calabozo.
Me dice: cautivos entonces somos todos en la prisión de Dios,
hijo, y esclavos suyos, mas, ¿cuáles son sus leyes, sus juzgados?
y hombre no hay que nunca haya pecado, ¿lo recuerdas?

Le dije: esta prisión es obra de los hombres, padre,
y día a día ayudamos nosotros en su construcción,
sumamos pabellones y disponemos cámaras de vigilancia,
en breve ya no necesitarán más carceleros, los echarán
y nos vigilaremos entre nosotros mismos.
No estudiaré derecho aunque he resuelto
no escribir tampoco más poemas. ¿Cómo es eso? Yo ya avisé
a todo lo largo del pasillo en nuestro pabellón penitenciario
que mi hijo escribe poemas para el día de la liberación,
nuestros vecinos aprenden y recitan tus poemas.

Los escucho, padre. No son, sin embargo, mis poemas lo que cantan
sino canciones del penal. A partir de hoy escribiré
veredictos que compitan con las resoluciones judiciales,
redactaré sentencias que compitan contra sus fallos,
les escribiré a mamá y a ti desde mi celda
cartas en las que anunciaré que la liberación
no llegará siquiera en los lejanos días de tus nietos,
que este combate es más largo
que cuanto pudieron figurarse los poetas.

Todos los poemas han fracasado.

viernes, 12 de mayo de 2017

Jules Deelder -El samaritano empedernido

Jules Deelder, Roterdam, Holanda, 24 de noviembre 1944
Traducción Diego Puls


El samaritano empedernido

Adivinen lo que me pasó...
Estaba yo durmiendo la resaca
el otro día tirado a la vera del
camino y en eso viene y me
despierta un tarado subido
a un caballo y me dice tienes frío
Le digo por qué no te mueres
qué frío ni qué frío imbécil
hazme el favor y métete en tu
panteón familiar pero el
tremendo papanatas no me había
entendido porque de repente
agarra y se rasga en dos la capa
¡y quiere darme la mitad...!
Yo voy y le digo muérete y
métete la media capa donde tú
ya sabes payaso y déjame en paz
de una buena vez pero el tipo
realmente tiene una venda en los
ojos porque en vez de hacerse
humo empieza a agitar una botella
de aguardiente o al menos eso
es lo que yo pensé porque me tomo
un trago ¡y resulta que es agua!
Lo juro me cago en la leche
Le digo por qué no le llevas
el agua a tu puta perra y vas
a tomarle el pelo a la concha
de tu madre pero el muy
desgraciado se hace el
desentendido ¡y saca a relucir
un arenque y una barra de pan!
Le digo pedazo de babieca
que se te atore el corazón
y pásate el arenque por la
entrepierna especie de idiota
y se me revuelve el estómago
como no me había pasado nunca
y le suelto todo el vómito encima
¿y saben qué hace? ¡se queda
ahí parado como un pasmarote!
Y se pone a fastidiar sobre si
tengo techo porque en caso
de que no lo tenga puede ofre-
cerme su cama de huéspedes
Le digo vete a hacer la caja
con tu cama de huéspedes
maricón de mierda que si no
te hago volar la cabeza pedazo
de rosquete pero al tipo no lo
para nadie y se pone a tirar de mí
ya saben intenta levantarme
de ahí o sea que agarro un
cascote y se lo revoleo a la
cabeza y ¡PAF! le da en medio
de la jeta ¡PUM! y veo que el
coco se le parte en dos y que
se va contra el suelo de una como
una bolsa de cemento ¡PUMBA!
Ahí yo puse pies en polvorosa con
el jamelgo que todavía pude ven-
der a buen precio en el matadero
pero lo que quiero decir es que
hoy por hoy uno ya no puede
fiarse con toda esa chusma
que anda suelta por ahí...