sábado, 22 de noviembre de 2014

Eliana Sol Cossy -Un poco y un poco

Eliana Sol Cossy, Buenos Aires, 12 de febrero 1988


Un poco y un poco

No es creación, es lluvia.

Tenía que llover un sábado así de frio
con vos en Uruguay,
es decir a 1440 km. justo por fuera de mi,
si - dos veces si-
estas por fuera,
quise coserte a mis nudos
ante la ilegalidad de los mundos las clases,
y la mierda de siempre ,
históricamente imprudente,
hace un tiempo me descubrí india,
me cocine acá compañeros.
Entonces me golpeo las manos,
entiendo muchas cosas,
nacionales y populares,
es el tercer poema de la noche
por ejemplo.
Soy tan sincera cuando no estás.
Acto seguido ;
debo desnudar mi postura política,
hablo de masoquismo con un tipo
que cree que Sade es pornografía,
donde quedo Rivelli leyendo a Pessoa
un feriado de taller literario
en la plaza de tortuguitas,
en el fondo
no queremos más que un nido
tibio de política de amor de costumbre
para morir como todos
despacio
Suplico que no haya quien suplique por mí,
otros paguen mis boletas.
Quería escribir,
como me dijeron que era bueno,
Y decidí copiar a una niña buena,
dulce,
Tenía tan bien cortado los espacios,
sus gritos,
sus poemas,
lo aprendió coleccionando barby's.
Nadie suponga versos,
esta muerta,
y soy libre,
nadie me puede encerrar
me canse de mi pacatería y de tus modales,
me retiro de vos de la vida hecha
a patadas,

siempre hubo dos opciones sinceras ,
escuchar a mi madre decirnos
que estábamos solos,
o ser fuerte,
siempre tome la una
la una la una la una
soledad dos puntos don sin intercambio,
equivoca.
Se te caen los dientes de la boca,
preparo la cena para el cumpleaños de mamá,
culparla muchas veces,
variadas ,
acto seguido;
opción dos.





jueves, 20 de noviembre de 2014

Peter Hammill -Los martes ella practicaba yoga

Peter Hammill, Ealing, Inglaterra, 5 de noviembre 1948
Versión Santiago Espel


Los martes ella practicaba yoga

Los martes ella practicaba yoga
mientras yo miraba tele
como un vegetal,
pero siempre convencido
de que yo era un artista
y ella no.

Resulta gracioso comprobar
hasta qué punto la autocompasión
puede sustituir a la autoestima.

De alguna manera yo era
el príncipe del orgullo,
y aunque simulara, nunca mentía,
como si eso bastara para hacerla feliz
como si eso alcanzara para satisfacer sus sueños.

Ahora es demasiado tarde para lamentarse
muy tarde para corregir las cosas hirientes;
ella siempre lo tuvo muy claro
siempre supo que yo terminaría así.

Ahora soy yo el que se contorsiona,
ni idea si el yoga me puede ayudar en algo,
pero ya era hora de intentarlo
aunque estaría mejor en casa, a salvo del frío,
metido en el tantra,
aunque no lo hice cuando podía.

Nunca me concentré en las cosas importantes
nunca encontré la llave para desbloquearme,
podría haber aprovechado su ayuda
pero siempre estaba metido en mi obsesión
y ahora no sé bien en qué estaba metido.

A veces divagaba, todo el día colgado.
Los martes ella practicaba yoga.

Un martes se fue.







martes, 18 de noviembre de 2014

Marcelo Colombini -Poema 109 de Historia del río

Marcelo Colombini, Parque Patricios, CABA, 21 de enero 1963


Poema 109 de Historia del río

Dentro de las venas hay armadas que zarpan.
Eso Cummings
Lo sabía,
Y si no lo sabía, 
Lo presentía.
Adentro del corazón
No hay solamente sangre,
No hay sólo los efluvios
Que hacen resplandecer
Las noches de camas con amores,
No hay sólo la energía,
Que lleva a un maratonista
A recorrer 40 kilómetros,
Palpitando
Como un enamorado.
Y eso Cummings lo sabía
O lo presentía.
“Si un poeta es alguien,
es alguien
a quien le importan poco
las cosas hechas”,
dijo que el poeta
sólo piensa en hacer
siempre.
Edward Estlin Cummings nació en Cambridge
De Nueva Inglaterra,
Hijo de un destacado ministro protestante,
Tomó la protesta, como mucho más que las condiciones del ministerio
De su padre
Y de su adoración
Por un dios
A quien hay que pedirle permiso
Para salir a jugar.
Cummings fue un adolescente hasta la tumba,
Un amante hasta las lágrimas,
Un adorador de la poesía de Apollinaire,
Se deleitó
Con los caprichos tipográficos,
Con los, adrede, errores
De ortografía,
Creía que la Poesía nacía de un río
Sin normativa,
Un afluente
Que te puede llevar al mar o a estrellarte contra las piedras.
Su The Enormous Room
Fue una epopeya
Con hálitos kafkianos, rabaelianos, y,
Sobre todo cummunnsianos.
Dijo de T. S. Eliot, 
Que no era otra cosa que un copista de poemas clásicos;
Aunque esa negación por la tradición
Llevó a Cummings
A resultados tan dispares
En el concepto,
Como en su actitud
Desaveniente
Hacia la vida.
La libertad es libre.
Dentro de las venas hay armadas
Enteras
Que nos enfrentan o nos funden con nuestros semejantes.
Dentro del corazón
Hay pájaros
De especies tan diferentes
Que el amor de una persona
No puede sólo con soñar durmiendo.
Y eso
Cummings lo sabía.
Y eso, 
Edward Estlin Cummings (1894-1962),
Garrafal fecundador de la Palabra,
Lo llevó hasta su tumba

domingo, 16 de noviembre de 2014

Horacio Cavallo -Flor del ciruelo

Horacio Cavallo, Montevideo, 31 de diciembre 1977


Flor del ciruelo

Demoré el encabezado de esta carta
y ahora que es de día y que se acerca
tu rostro una vez más con el sonido
de una moneda que salta a la nada
y gira con la sed del oroboros
trataré de aceptar que mientras viva
no estarás en la barra de El Piropo
ni en el Tío Francisco donde fuimos
compinches con muletas: carne y uña.
Hermano, donde hablamos de nosotros
y el mundo que rodea hasta la llaga
el mundo, esa sordera, ese paisaje
caído de algún sueño donde flota
el triste corazón del desquiciado;
el mundo que dejaste una mañana
oyendo el ida y vuelta de la costa
con arena en las botas, con los dedos
apuntando hacia el centro de la mano:
el mar, Germán, el mar, ese bramido
y ese viento salado que llevaba
y traía tu cuerpo, las gaviotas
que volaban al sur dando alaridos.
Después todo es atrás, es una tarde
hace dieciséis años, una casa
adonde aparecí de visitante.
Hubo una bicicleta que dio el nombre
con el que iba a llamarte desde entonces.
En Andes al llegar a Paysandú
tu nombre tuvo forma y ojos negros;
libros amontonados y un Polleri
que ofreciste con gesto generoso
Ya se había puesto el sol. Era la noche.

¿Cómo saber qué cosa, qué palabras
apiladas al borde de una mesa
nos volcaron al otro, qué certeza,
cuál duda consiguió que compadrearan
tus versos con los míos, las canciones
que escuchaste de niño en el DF
con tu fascinación por las corridas,
-nombras a El Pana en la última que afirma
que fue resplandeciente aquella tarde
en la que me hice padre, y fuerte, y hombre-
las máscaras, las rolas de Rodrigo
la maestra Enriqueta, los volcanes
que mirabas al frente de tu casa,
los monos que colgaste de los muros
en una adolescencia de exiliado
dibujándole rostros a tus brazos
y una luna extraviada en la brasa de un fósforo?

Fuimos entrando al mundo hombro con hombro.
Yo levanté mi casa con tus manos,
tuvimos los feriados con canciones
y te dejé ser padre de mi hijo.
Después esa amargura que los hombres
a veces llaman vida: el día a día
nos fue arrastrando a un lado y a otro lado:
Perdimos coordenadas. Vos te hundías
y yo no supe verte entre la niebla.
Sé que ibas hacia el este y que buscabas
un lugar donde fuiste feliz en otro tiempo
¿Qué canciones cantabas? ¿Qué dolía
con la fuerza de un vidrio entre la carne?
¿Dónde quedó la noche que miramos
caer lo que caía del ciruelo?

 


viernes, 14 de noviembre de 2014

Carlos Norberto Carbone -Todos los poetas

Carlos Norberto Carbone, La Matanza, 12 de marzo 1959


Todos los poetas

Todos los poetas tienen el hígado graso.
Todos los poetas tienen una mujer de bellos ojos.
Todos los poetas tienen un perro que le ladra a la luna.
Todos los poetas van a la misa que se da en viejos bares.

Todos los poetas hablan con la boca llena.
Todos los poetas aman a los caballos lentos.
Todos los poetas mueren un poco los días jueves.
Todos los poetas llevan un niño en los hombros.

Todos los poetas descubren baldíos dentro de su pieza.
Todos los poetas huyen de sus miedos y de su sombra.
Todos los poetas desconfían de los perfumados y prolijos.
Todos los poetas son lluviosos por dentro.

Todos los poetas son hermosos de a ratos.
Todos los poetas tienen duelos con la muerte.
Todos los poetas beben del zapato de su amada.
Todos los poetas cocinan magistrales pucheros.
Todos los poetas tiemblan ante las piernas soñadas.
Todos los poetas tienen sueños azules.
Todos los poetas son exagerados y tímidos.
Todos los poetas amanecen buscando la palabra que los salve.
 






miércoles, 12 de noviembre de 2014

Graciela Aráoz -Leyendo a Emily Dickinson

Graciela Aráoz, Villa Mercedes, San Luis, 3 de enero



Leyendo a Emily Dickinson

Todo es igual en todos lados
Decía Emily
leo la extranjería de los rostros
que se apagan,
se van apagando

Las estaciones son las mismas 
y sin embargo en otoño,
los colores cobran la dimensión
exacta
en que el color se vuelve palabra.

La mañana revienta en mediodía,
y el cielo doblega
la certeza de la noche
cuando desesperadamente una mujer busca
a su amante,
y es entonces cuando la mañana
al romperse sus cápsulas de fuego
revienta en mediodía.

Todo es igual en todos lados
Decía Emily















lunes, 10 de noviembre de 2014

Fredy Yezzed -El único recuerdo que tengo de mi madre

Fredy Yezzed, Bogotá, Colombia, 20 de mayo 1979



EL ÚNICO RECUERDO QUE TENGO DE MI MADRE es el de aquellas mañanas de otoño cuando me llevaba de la mano a la escuela. Miraba la calle tapizada de hojas secas. Me abstraía pisándolas, quebrándoles los huesos de color pardo. Arrastrándose de un lado para otro como un vagabundo con los ojos en un sueño. Haciendo su ruido de semillas que se quiebran.
Yo sólo veo las hojas secas gritando bajo mis pies y las pantorrillas de ella un paso más adelante. El tacón negro de sus zapatos como clavando una espina en la pared. Unas medias veladas. Unos huesos tan extraños como el sabor del agua.
Hay un instante oscuro. Algo que se ha perdido como un mordisco en la mente. Ahora la veo alejarse desde el quicio de la escuela. La merienda en la lonchera. Esa sensación de ser vidrio y sentir que te abandonan.


Sólo veo su espalda alejarse.
Una mujer más bajo la lluvia de las hojas.