sábado, 22 de abril de 2017

Denise Boucher -Si yo me encuentro...

Denise Boucher, Québec, Canadá, 12 diciembre 1935
Traducción Maricló Díaz Saubidet


si yo me encuentro
en una vidriera
y ya no estoy sola
ni soy
la que era
los genes
han hecho su trabajo
los mismos cabellos
el mismo color
de ojos también
la manera
de plantar los pies
en el suelo
el mismo gusto
por los vestidos floreados
sobre una espalda recta
mi madre
en todos
mis espejos

jueves, 20 de abril de 2017

Carlos Velazco -Demolición

Carlos Velazco, Bs As, 5 de mayo 1933

Demolición

Descascarados muñones de ladrillos,
inconclusa dimensión de muros que parcelan el sol
y es sólo una nostalgia de separaciones
en la fatal instancia del derrumbe.
Nada divide nada. Nadie oirá
a través de una indiscreta rendija
las domésticas intrigas del vecino
ni fruncirá con desagrado el ceño
a la intrusa explosión del inodoro
que ayer atestiguaba intimidad
y ahora apuntala el croquis de un relieve
donde el pudor ya fue deshabitado.
Algo preserva (y no sé qué) la imagen
anterior a lo que ahora demolieron
sobreviviendo entre arcadas de ruinas
como si el tiempo construyera
la destrucción después de la derrota.
Descifro las cocinas
y los baños azulejados
y las molduras que dibujan en el vacío
los altos dormitorios y barrocos comedores
y los grises contornos de desvanes
y el húmedo revoque de los cuartos de servicio
y truncas escaleras y los pasos (que se presienten
en pantuflas sobre la crujiente pinotea de los pisos)
y el olor a comida y el empapelado que decora
intimidades muertas y largos corredores
suspendidos del aire como túneles rotos
para que el sol no extinga la luz
y ensombrezca el último tic tac de los relojes.
Uno piensa: aquí hubo llantos y risas,
muertes y vidas, aniversarios, despedidas y bodas,
fragmentos de domésticos paraísos
tras los antiguos huecos de las puertas
abiertas para siempre entre tabiques
que no separan ya la identidad de los saludos
y el aire familiar de vecindad con que se lee
el diario o se abre la correspondencia.
El lugar de las ventanas
queda del otro lado de este cuadro
como un mural sin perspectivas
que se estrecha ante el abismo
de un paisaje abandonado
por sus moradores: tal vez un puente
levadizo o el último ascensor
haya servido de salida.
Quizás el inventario rescate una maceta
el marco de un retrato descolgado,
una hornacina rota o el vagido de un bebé
o el espasmo de la cópula o el brindis
de una fiesta, restos de escombros palpitantes
que someten su hallazgo a más hondas excavaciones.
Testigo de un momento casual
que desmorona la íntima visión de una calle
en tránsito por el alto agujero de ruinas
uno podría ampliar hasta el final
este plano deshabitado y decirse
que la soledad es un espacio vacío
abierto al sol que aguarda la caída de la noche.

martes, 18 de abril de 2017

Aleksey Tsvetkov -dime qué es ese rebaño de estrellas...

Aleksey Tsvetkov, Stanislav, Ucrania, 2 de febrero 1947
Traducción Natalia Litvinova


dime qué es ese rebaño de estrellas
como partículas del arcoíris en el ojo después de llorar
dejan su perfume intenso en el jardín en el prado
acaso es posible acaso las estrellas tienen olor
quién las arrojó a la tierra para que sus canciones de luz
rompan el corazón quién permitió eso

te diré que por las estrellas los sueños del día
derraman luz en el jardín y en el prado
algunos dicen que son las flores otros que es la primavera
en verano y también en invierno arden bajo la nieve
para una celebración inútil o para que
vivamos aquí y amemos la tierra

ahora dime qué son estos pétalos de ceniza
qué son estás  flores de dos alas temblando en el cielo
cantan con tanta dulzura que el cadalso no da miedo
sigan cantando como lo hicieron siempre
quién los arrojó tan alto para que por su vuelo
el corazón se rompa como el de un enamorado

yo te diré qué son esos pétalos humanos
son nuestras hermanas aves del viento
nacidas en la tierra pero viven en el vuelo
como el pez es un fantasma de la profundidad
las aves son fantasmas de las alturas
cantan y quieren disolverse en lo azul
para que desde la tierra nos alegremos

dime algo más pero dime la verdad qué son estos
pájaros esa fila de ángeles que va al río
voz de tórtolos y rostros más brillantes que la rosa
entregar la vida como una polilla que vuela hacia el fuego
y vivir eternamente viendo como desfilan
para que el corazón se parta en pétalos azules

te diré quiénes son estos ángeles terrestres
que bajan al río y cantan con tristeza para el ocaso
son las hijas no reconocidas de los hombres
podrían ser nuestras novias incluso esposas
para ellas el día es largo y la noche corta pero junto a ellas
aquel a quien amamos parece paraíso y después morimos

entonces dime sin mentirme dime
por qué sucede solo lo que ya pasó
las flores florecen los pájaros cantan en la mañana
pedían al sol que brillara y él aprendió
las muchachas bajan al río los niños nacen
y yo no existo por qué no vivo en este mundo

que dios te bendiga si no estoy vivo no hace falta
el que no vio el día no le llegará su noche
la madre del nonato no llorará está alegre
la flor que no se abrió no se marchitará
el pájaro no caerá si no planea en el cielo
no se romperá el corazón del que no lo tiene

domingo, 16 de abril de 2017

Daniela Aguilar -Al aire

Daniela Aguilar, Bs As, 22 de diciembre 1987


Al aire

Los pasos
al compás de la
incertidumbre

no llores
la vida es un paréntesis
de la eternidad

notas musicales
manchones del pincel
desparramados

es imposible nombrar
el eco clandestino
de los versos
rebotando en las paredes

el nudo en la garganta
te ahoga las palabras

decir
crear un sentido
en el hueco de tu mano

solo el poder de
inventarnos
nos va a salvar
de nosotros mismos


viernes, 14 de abril de 2017

Pierre Reverdy -4 y 9

Pierre Reverdy, Francia, 13 de septiembre 1889 – Francia, 17 de junio 1960
Traducción Miguel Angel Frontán



4 y 9

Las cuatro patas de los caballos tiemblan sobre el horizonte
La misma línea me sirve de tapa
El mundo está apagado bajo el toque de queda
Las ventanas brillan como ojos

Tenemos armas para reír
Y un corazón para morir

El general es un viejo señor

Sin ropa de civil

Una broma una buena broma para hacer

A un miembro de la familia

Es él quien ha asumido todo el heroísmo y el peligro

El patio es una prisión sin primer piso en la que damos vueltas sin

fin
Sólo falta una hora
Suben el rancho y las botas
La cara de un rey negro condecorado con la medalla de

salvamento
Para nada

Entre los salvajes

La música es mejor

Somos tres y yo estoy en el medio

¿Adónde van ustedes?


El placer y la muerte dan vueltas a nuestro alrededor

miércoles, 12 de abril de 2017

Carmen Bruna -Las ceremonias de Monelle

Carmen Bruna, Bs As, 16 de julio 1928 – Bs As, 15 de enero 2014


Las ceremonias de Monelle

Este es mi triunfo y mi derrota – dijo Monelle a sus hermanas las silfos
Mis pechos son la vía láctea de las brujas,
el hogar de los cazadores de ciervas,
el tálamo nupcial de las arañas exhaustas de placer ponzoñoso.
Este es mi paje, el peregrino del mundo nuevo,
y con él navegamos el Amazonas, río arriba,
entre el perfume pesado de las orquídeas
y la pleitesía de los colibríes.
He vuelto a nacer en la tierra de los volcanes
Entre dragones temibles y guerreros manchados de sangre
y de lava hirviente,
nieve y fuego,
cenizas y brasas,
lavatorio de pies entre sacerdotes y súbditos humillados,
fogatas del primer domingo de cuaresma,
hogueras de enebros y retamas.
Siete hogueras para expulsar al “malvado sembrador”,
el que siembra la cizaña y no la recoge.
La ceremonia mágica, los sacrificios druídicos,
el espíritu del grano,
el muérdago sagrado y el árbol en que crece:
el roble y los espíritus ceremoniales
que levantan la cosecha en el sexto día de la luna
y la mágica poción que hará fértiles a los estériles.
Las dos víctimas que extinguen con su sangre
los incendios de la “Dama Loca”.
Las serpientes entre los muslos abiertos de la ladrona
de los rojos granos del maíz,
de las ilusorias transmigraciones de los peces
y de las semillas carmesíes
en el espejo de humo de las granadas,
abiertas como heridas incurables

lunes, 10 de abril de 2017

Randall Jarrell -Pérdidas

Randall Jarrell, Nahville, 6 de mayo 1914 - Carolina del Norte, 14 de octubre 1965 
Versión Gerardo Gambolini


Pérdidas

Eso no era morir: todo el mundo moría.
Eso no era morir: habíamos muerto antes
en los choques de rutina — y nuestras bases
llamaban a los diarios, escribían a nuestra familia,
y aumentaban los índices, por causa de nosotros.
Moríamos por la página errónea del almanaque,
esparcidos en montañas a cincuenta millas de distancia;
cayendo en picada sobre un pajar, peleando con un amigo,
estallábamos contra las líneas que nunca veíamos.
Moríamos como tías o mascotas o como extraños.
(Cuando dejamos la secundaria ninguna otra cosa había muerto
para entender que nosotros habíamos muerto igual.)

En nuestros aviones nuevos, con nuestra nueva tripulación,
bombardeábamos los campos de tiro junto al desierto o la costa,
disparábamos a blancos de arrastre, esperábamos a ver nuestras marcas —
y nos convertimos en refuerzos y despertamos
una mañana, sobre Inglaterra, listos para operar.

No era diferente: pero si moríamos
no era por accidente sino por error
(pero un error muy fácil de cometer).
Leíamos el correo y contábamos nuestras misiones —
en bombarderos con nombres de muchachas, incendiábamos
las ciudades de las que habíamos aprendido en la escuela —
hasta que se nos agotaba la vida. Nuestros cuerpos quedaban
entre la gente que habíamos matado y que jamás habíamos visto.
Cuando durábamos lo suficiente nos daban medallas;
cuando moríamos decían: “Nuestras bajas son pocas.”

Ellos decían: “Aquí están los mapas”; nosotros quemábamos las ciudades.
Eso no era morir — no, jamás fue morir;
pero la noche en que morí soñé que estaba muerto,
y las ciudades me decían: “¿Por qué estás muriendo?
Nosotras estamos satisfechas, si tú lo estás; pero, ¿por qué morí yo?”