miércoles, 20 de agosto de 2014

Pier-Paolo Pasolini -La glicina

Pier-Paolo Pasolini, Bolonia, Italia, 5 de marzo 1922 – Ostia, Italia, 2 de noviembre 1975
Traducción Delfina Muschietti


La glicina

¿Eso es, estaba muerto?, sobre
los bastiones del Vascello - irreales
como este aire que no conozco desde niño,
o esta lengua de itálicos
paganos o siervos de clérigos- los oscuros
festones de las glicinas. El barrio rico
está lleno de ellas, por todos lados. Sobresalen
violeta sobre el violeta de las nubes y las avenidas.
Absurdo milagro, para un alma
para la cual cuentan los años
que han sido para ella siempre inmortales.
Estas que ahora nacen son
las glicinas muertas, no sus hijas bárbaras
-digo bárbaras si oscuramente nueva
es su existencia, muda su admonición.


Pero lo repito: no son vírgenes
en la vida, son moldes funerarios,
que imitan la barbarie del decir
sin poseer todavía
palabra alguna, puro violeta sobre el verde...
Yo estaba muerto, y entretanto era abril
y la glicina estaba aquí, floreciendo otra vez.
Qué dulce es este color del cadáver
que cubre los murallones de Villa Sciarra,
predestinado, prefigurado, hacia
el fin del tiempo que se vuelve siempre más ávido...
¡Malditos mis sentidos,
que son, y han sido muy hábiles
pero no lo suficiente para que las floraciones antiguas,
aunque nuevas, no los tienten!

Maldigo los sentidos de aquellos vivos,
para los cuales, un día, en los siglos volverá abril:
con las glicinas, con estos granos lilas,
temblorosos en sus filas carnales,
casi sin color, casi, diría, lívidos...
Y tan dulces, contra sus muros de arcilla
o travertino, misteriosos como la manzanilla,
tan amigables para los corazones que nacen con ellos.
¡Maldigo esos corazones, que tanto amo,
porque no sólo no conocen aún
la vida: ni siquiera el nacimiento!
¡Ah, la vida verdadera sólo es aquella
que será: virgen deja
sólo a los que han de nacer, la glicina, su encanto!

Y yo aquí, con esta astilla
inmaterial en el corazón, esta involuntaria
conciencia de mí, que se reaviva en el instante
de la estación que cambia.
¿Insuficiencia hormonal en la que desvarían
los sentidos? ¿Debilitamiento de los latidos
del corazón, o exceso de los actos vitales
de la inteligencia? Ah, seguro alguna cosa
que se echa a perder. Esta flor es signo
en lo más íntimo, del reino
de la caducidad - de la religiosa
caducidad- nada más.
La suya es una alegría dolorosa,
y en el dolor de esa lila casi blanca
se exalta el corazón del llanto.

¡Pero es ridículo, no puedo
atormentarme aquí sobre esta pálida
aunque sobrecargada de espasmos,
esta ligera onda
lila que borda el murallón rojo
con la impúdica ingenuidad, la afásica
fiesta de los eventos salvajes!
No puedo: yo que desde hace años predico
que todo esto no existe, que es sólo acto
de una voluntad alienada,
de ceguera que no conoce otro remedio
que morir en el corazón
del mundo que se tiene como don al nacer,
de inconsciente posesión de la historia,
de conciencia solamente retórica...

Y ahora, por una mísera glicina
florecida en las esquinas de Monteverde
estoy aquí hablando de derrota.
¿Pero qué es lo que me pierde?
¿Dios redicico, la culpa felíz?
Sí, me siento víctima, es verdad, pero víctima
¿de qué? De una historia apocalíptica,
no de esta historia. Me contradigo.
Vuelvo ridícula mi eterna pasión
de verdad y razón.
Pasión...Sí, porque hay un corazón antiguo,
preexistente al pensamiento:
y un cuerpo- o floreciente o herido,
pobre vida nunca segura realmente
de poder resistir a la vida informe de los nervios.

De este inexpresable roce
surge la primera larva de la Pasión:
entre el cuerpo y la historia, hay esta
musicalidad que desentona,
estupenda, allí lo que ha terminado
y lo que empieza es igual, y queda así
por los siglos: dato de la existencia.
La frontera entre la historia y el yo
se hiende torcida como un abismo ebrio
más allá del cual, a veces, escindido,
a la deriva, está el glorioso rumor
de la existencia sensual
llena de nosotros: delante de esta física
miseria no puede sino retornar
cada histórico acto irracional...

Yo no sé qué es
esta no-razón, esta poca-razón:
Vico, o Croce, o Freud, me socorren,
pero con la sola sugestión
del mito, de la ciencia, en mi abulia.
No Marx. Sólo aquello que ahora es palabra
su palabra muda, no el claror,
no la oscuridad que hay primero, ¡pobre glicina!
Cuanto en ti vive-y en mí por ti tiembla-
permanece gemido reprimido
del que no se sabe, del que no se dice.

¿Pero es posible amar
sin saber qué quiere decir esto? ¡Felíz
de ti, que eres sólo amor, gemelo vegetal,
que renaces en un mundo prenatal!

Prepotente, feroz
renaces, y de golpe, en una noche, cubres
una pared entera recién levantada, el muro
proncipesco de un ocre
resquebrajado al nuevo sol que lo cuece
caduca trepadora, para volverme limpio
de historia como un gusano, como un monje
y no quiero, me revuelvo - árido
en mi nueva rabia,
apuntalando el revoque descascarado
de mi nuevo edificio.
Algo ha profundizado
el abismo entre cuerpo e historia, me ha debilitado,
me ha hecho árido, reabriendo las heridas.

Gimo de desilusión, impúdica planta
de un día: lo sé.
La incomprensión, el odio son más
fuertes de cuanto puede
soportar una existencia cansada:
que, por lo demás, ni el amor -ni la muerte,
su gemela- sabe definir: la llevan
a disgregarse esos mismos viejos sentidos
otra vez agudizados por mi debilidad.
Así frente al violeta que jaspea
los muros anunciando abril y los tiempo inmensos,
yo querría solo morir...
Mi vida ya no tiene recompensas:
no le basta la vitalidad de abril,
le parece vana la voluntad de comprender...
Un monstruo sin historia,
feroz con la ferocidad bárbara
que cumple sus persecuciones
en a prensa libre, en los mitos confesionales,
que quema pasiones, purezas, dolores,
que acepta la muerte con crueldad casi irónica,
a su pesar estoica, que no tiene religión
sino aquella de imponer una legalidad
con sus propias reglas, que no tiene amor
sino aquel que quiere
la igualdad de todos, en el bien y en el mal,
que no conoce piedad,
porque para cada uno conquistar
la vida es una tácita apuesta que lo vuelve
ciego dueño de todo lo que sabe:
todo esto encontré
al nacer, y enseguida me dio dolor:
pero un dolor glorioso casi, tanto
me ilusionaba que el corazón
pudiera transformar cada dato,
adentro, en un amor unificador:
de Cristo a Croce, ¡qué camino reconfortante!
Y después, la esperanza de la Revolución.
Y ahora aquí: recubre la glicina
las superficies rosadas
de un barrio que es tumba de toda pasión,
acaudalado y anónimo, caliente
al sol de abril que lo descompone.
El mundo se me escapa ahora, no sé ya dominarlo,
se me escapa, ah, una vez más es otro...

Otras modas, otros ídolos,
la masa, no el pueblo, la masa
decidida a dejarse corromper
ahora se asoma al mundo,
y lo transforma, se sacia
en cada pantalla, en cada video,
horda pura que irrumpe
con pura avidez, informe
deseo de participar de la fiesta.
Y se asienta allá donde el Nuevo Capital quiere.
Cambia el sentido de las palabras:
quien hasta ahora ha hablado con esperanza, se queda
atrás, envejecido.
¡No sirve, para rejuvenecer, este
disgustado angustiarse, este desesperado
rendirse! Quien no habla, es olvidado.

Tú que regresas brutal
no rejuvenecida, sino directamente renacida,
furia de la naturaleza, dulcísima,
me quiebras porque ya estoy quebrado
por una serie de días miserables,
te asomas a mis abismos reabiertos,
perfumas virgen sobre mi eclipse,
antigua sensualidad, disgregada, piedad
asustada, deseo de muerte...
He perdido las fuerzas;
no conozco ya el sentido de la racionalidad;
caída se enarena
-en tu religiosa caducidad-
mi vida, desesperada de que el mundo
sólo tenga ferocidad, y mi alma, rabia.












lunes, 18 de agosto de 2014

Jorge Brega -Juegos

Jorge Brega, Buenos Aires, 16 de agosto 1949


Juegos

Mi hijo juega en la casa vecina.
Regresa empapado de barro.
El patio de sus amigos es de tierra.
Si llueve no hay reparo para todos.
La casa tiene dos habitaciones.
Al frente un cerco de ligustro.
El portón de alambre vencido deja ver
el adobe que antaño ha perdido el estuco.
Sus amigos no meriendan ni cenan.
Desayunan con pan y almuerzan en la parroquia.
Hermanos y primos comparten la cama.
Y el cuarto con los adultos.
Por la noche mi hijo medita en el porche.
Impulsa sobre el mosaico
un diminuto automóvil con mecanismo de fricción.
Sin levantar la vista
parece dirigirse a mí cuando refiere
alguno de estos datos.

Ha sucedido así
este verano de vez en vez
desde principios de enero.

sábado, 16 de agosto de 2014

Joseph Brodsky -Me dicen que hay que partir

Joseph Brodsky, San Petersburgo, Rusia, 24 de mayo 1940 - Nueva York, 28 de enero 1996
Traducción Natalia Litvinova


Me dicen que hay que partir

Me dicen que hay que partir.
Sí, sí. Gracias. Me estoy preparando.
Sí, sí. Entiendo. No hace falta
que me acompañe. Sí, no me voy a perder.

Ah, qué es lo que dice – un largo viaje.
Cualquier próxima parada.
Ah, no, no se preocupe. De alguna manera.
Voy ligero. Sin equipaje.

Sí, sí. Es hora de salir. Gracias.
Sí, sí. Ya es hora. Y todos lo entienden.
Los árboles levantan sobre la patria
el triste amanecer del invierno.

Todo terminó. No discutiré.
Juntaré las manos - y adiós.
Ya no estoy enfermo. Hay que partir.
Sí, sí. Agradezco la despedida.

Taxi, llévame por toda la patria
como si no recordara la dirección.
Llévame hacía los campos silenciosos,
yo, sabes, dejo mi tierra.

Como si no recordara la dirección:
me pegaré a la ventanilla empañada,
y sobre el río, que amé,
lloraré y le gritaré al barquero.

(Todo terminó. Ahora no tengo prisa.
Regresa tranquilo, por Dios.
Voy a mirar el cielo y a respirar
el viento frío del otro lado.)

Y bien, este es el viaje tan esperado.
Regresa, no te sientas triste.
Cuando pises la entrada a la patria,
yo tocaré la abismal orilla.


jueves, 14 de agosto de 2014

Paul Celan -Fuga de la muerte

Paul Celan, Rumania, 23 de noviembre 1920 - París, 20 de abril 1970
Traducción Ricardo Ibarlucía



Fuga de la muerte

Leche negra del alba la bebemos de tarde
la bebemos al medio día y de mañana la bebemos de noche
bebemos y bebemos
cavamos una tumba en los aires ahí no hay estrechez
Un hombre vive en la casa juega con las serpientes escribe
escribe al oscurecer a Alemania tu cabello de oro Margarita
lo escribe y sale de la casa y relampaguean las estrellas silba a sus perros aquí
silba a sus judíos allá manda cavar una tumba en la tierra
nos ordena ahora toquen música de baile

Leche negra del alba te bebemos de noche
te bebemos de mañana y al mediodía te bebemos de tarde
bebemos y bebemos
Un hombre vive en la casa juega con las serpientes escribe
escribe al oscurecer a Alemania tu cabello de oro Margarita
tu cabello de ceniza Sulamita cavamos una tumba en los aires ahí no hay estrechez

Grita hinquen más profundamente en el reino de la tierra los otros canten y toquen
echa mano del fierro en el cinto lo agita sus ojos son azules
hinquen mas profundamente las palas los otros sigan tocando música de baile

Leche negra del alba te bebemos de noche
te bebemos al mediodía y de mañana te bebemos de tarde
bebemos y bebemos
un hombre vive en la casa tu cabello de oro Margarita
tu cabello de ceniza Sulamita juega con las serpientes

Grita toquen mas dulcemente a la muerte la muerte es un maestro de Alemania
grita tañan mas sombríamente los violines luego ascenderán como humo en el aire
luego tendrán una tumba en las nubes ahí no hay estrechez

Leche negra del alba te bebemos de noche
te bebemos al mediodía la muerte es un maestro de Alemania
te bebemos de tarde y de mañana bebemos y bebemos
la muerte es un maestro de Alemania su ojo es azul
te dispara con bala de plomo te dispara certero
un hombre vive en la casa tu cabello de oro Margarita
azuza sus perros contra nosotros nos regala una tumba en el aire
juega con las serpientes y sueña la muerte es un maestro de Alemania

tu cabello de oro Margarita
tu cabello de ceniza Sulamita





martes, 12 de agosto de 2014

Héctor Ramón Cuenya -Marihuana octubre

Héctor Ramón Cuenya, Río Gallegos, provincia de Santa Cruz, 22 de agosto 1963


Marihuana octubre

Presentía que la historia estaba pasando junto a nosotros
y nos acariciaba suavemente como la brisa fresca del río.
                                                         R. Scalabrini Ortíz

fenómeno maldito
el de la pobreza y su mal olor
turbas borrachas
conglomerado aullante
patas en las fuentes con olor
por la calor y la caminata

no hubo violencia
solamente quemamos alguna que otra cosa
y alguna que otra patada a gente insoportable
y hubo unos tiros
no se ahorquen con sus trajes
dijo una vieja

a una cita de amigos sólo se lleva armas cortas

la partera de la historia viene a tomar unos vinos al bar

la negrada tuvo su síndrome juana de arco

los cuchilleros del sur mueren de amor por el coronel 


domingo, 10 de agosto de 2014

María Belén Aguirre -Electra baila la danza coral


María Belén Aguirre, Tucumán, 11 de marzo 1977 


Electra baila la danza coral

Pude a través
de la cámara ver
a mi madre por primera vez
me confesó. Primero no era

ella ese manojo
de nerviosas imposturas.

Después
sí. Después

ella

emergió de entre ella
como supongo lo harán
durante la tempestad
del mar los desechos
de un navío naufragado.

Soy cruel con ella
para que otro no,
me aclara.

Una madre sabe
supongo cuando
un hijo va
a nacer. Se estremece
como un sismo en la tierra
se abre y da
paso a eso
nuevo
que de sí
ha procedido.

La estructura ósea cede.
Duelen las caderas
como bueyes tirando hacia los lados.

Mater sempre certa est.

¿Pero el pater?

El pater bebe
a varias cuadras de ahí
ignorante
de su engendro.

Bebe no ya
para celebrar.

(Bebe por si acaso.
Bebe por las dudas.
Bebe ya sin sed.)

¿Y la mater?
Pare en soledad
a la hija diminuta.

¿Me odia por eso?

No. El odio vino
después.

Todo el blister vacío
y la jarra.

Todo el cuerpo dormido
y los brazos.

Ella sacudiéndote.

Gritándote
Tanita.

Ella cargándote en sus brazos camino al hospital.

Una madre sabe
supongo cuando
su hijo va a morir.

Le duele el útero.
Le carcome
el vientre
y sabe que no es
la vida esta vez.

Pude verla por la cámara
me repite. Mediada
por la cámara.

La ralentizo.
La acelero.

Hago

lo que quiero.

Mi madre es la mujer que camina hacia mí
de camisón por el pasillo de la casa
mientras sus sueños duermen. 

viernes, 8 de agosto de 2014

Jorge Rivelli -al centro por arenales

Jorge Rivelli, Olivos, 8 de agosto 1954


al centro por arenales


viaja de día de noche
colgado del bondi
en el subte
con las tripas en la boca
viaja vestido de capitán
de marinero
de odalisca
de hippie de yuppie
de cartonero de orfeo
de gardel lepera de
hermes o trece
mariposas negras
viaja
mientras en su casa
esperan las arañas
tejiendo sus telas
en los rincones
-soy un flaneur
un enviado de los libros-
recorre las calles
sin castidad
pasó por las armas
doncellas
putas y
travestis
llegó borracho
al último bar
de la noche
con el pelo azul y
la máscara de fawkes
-soy un ángel
un enviado de labruna-
a las quince treinta
cuarenta moscas
de villa lugano
encuentran la cabeza
de verlaine
en una alcantarilla
insistía
que lo llevaran volando
al bar del andén
con la solidez de un buitre
vuela por plaza de mayo
con corchos en los oídos
para evitar ser seducido
por bombos consignas
palomas cacerolas
rondas carteles música
de pueblos originarios
hincha pelotas
en general
-soy un barco de papel
un enviado de tuñón-
vestido de neruda
entra a la isla maciel
el légamo y las sombras
batallan en los muros
la luna extiende sus brillos
hasta un refugio de ladrones
y una bruja sentencia el futuro
de jóvenes enamorados
bar la academia
sentado en la mesita
de la ventana
con una botella de ginebra
entre copa y copa
basilio le habla
en cuatro idiomas +cocoliche
del puchero misterioso
en un buenos aires pagano
y la noche desata sus poderes
corrientes corre eléctrica
hacia el bajo
con el dominio
de los ascensores y
la fuga del subterráneo
los libros se despegan
de las mesas
cuántos para leer
cuántos para releer
cuántos para guardar
cuántos para olvidar
se acercan nubes oscuras
desde el borde de la ciudad
con amenaza de lluvia
o tal vez
para borrar el viaje que repetirá
hasta la rebelión del tránsito
de la vida a la muerte
tirado en la vereda
fuma y escribe
-soy un naufrago
un enviado de los libros-