sábado, 6 de febrero de 2016

Indran Amirthanayagam -Ilusión

 Indran Amirthanayagam,Colombo,Ceilan,17 de noviembre 1960  


Ilusión

Detrás de la estación de Repsol caminamos hacia el parque donde, con nuestras manos entrelazadas, nos enamoramos. Y de esa primera tarde la estación se volvió la pierna y el encuentro de un amor hecho de caminatas hacia múltiples espacios verdes de esta ciudad brumosa, construida al lado de aguas friolentas y de estaciones de combustible, un amor moderno que dependía del transporte público y privado para dejarnos cerca de la alameda, donde en otra ciudad de América un hombre solía pasear con su armadillo. Eres el Mar, el árbol, el camino de piedras, el olor a gasolina. Soy el feligrés, el explorador, el representante de países lejanos donde otros amores se nacen en sus propios parques al lado de las aguas que rodean a todos aun en medio del desierto, como aquel de Paracas. Dejo mi cargo. Entro al Mar. Dejas tus arrecifes de coral y tus formaciones rocosas, donde se han hundido los barcos para abrumar la costa. Treinta y cinco mil hombres fueron borrados de la costa srilankesa ese día del tsunami. Déjame ser uno más.

jueves, 4 de febrero de 2016

Milagros King -Justiniano

Milagros King, Buenos Aires, 13 de diciembre 1975 – Buenos Aires, 24 de diciembre 2014


Justiniano

Otra vez me quedo
con la luz sobre mi escritorio
y de madrugada.
Esta vez llueve fuerte, pienso,
y  el viento sobre la calle Yatay
me hace temblar un poco
si salgo a este balcón mojado.
Y no sé si la batalla es adentro o afuera.
O da lo mismo.
Ahora volver a los libros y todos estos
papeles, papeles.
A estudiar el arte en épocas de Justiniano.
Y no sé si la batalla es adentro o afuera,
Da lo mismo. Digo, dije.
El tenía que reconstruir un Imperio caído.
No tenía menos problemas que yo.
Pero tengo que ordenar estos papeles o dejar de pensar.
Debe de haber algo importante y me quedo mirando
aquella foto del mosaico que se llama ”Invierno”.
Como sea, batallas, digo, dije.
Pero otra vez los ojos de Justiniano desde el mosaico.
Si vuelven a mirarme esos ojos
voy a abrir la puerta del balcón,
Voy a dejar que el viento entre desde la calle Yatay.
Voy a hacer volar todos los papeles, todos los papeles.
Iré a dormir un poco, creo.
Mañana es martes y los martes suelo reconstruir Imperios
e ir al supermercado.

martes, 2 de febrero de 2016

Julián Gonzalez -Sueño Bacacay

Julián Gonzalez, La Paternal, 20 de diciembre 1972 – La Paternal, 25 de enero 2016


Sueño Bacacay 

Empedrado empeñado
en guardar secretos, gastadas veredas
caminadas a lo polaco
con acento porteño.
Trasatlántico transportador de ideas.
Diario incorregible
de incansable noctámbulo.
Creador de escribas y leídos
admirados.
Pobre de los asnos
que nunca saborearan la
miel de tus palabras.

A Witold Gombrowicz

sábado, 30 de enero de 2016

Mariano Pini -Era una virgen llorando sangre

Mariano Pini, Bajo Flores, 23 de marzo 1980


Era una virgen llorando sangre

Era una virgen llorando sangre.
Ante ella se hincaban los pálidos tigres de overol,
las estrellas de temblor de arena,
espantapájaros de huesos y párpados colgando
y un rinoceronte de papel maché. Juro que los vi.
Era una virgen sosteniendo una guitarra.
Era una dulce comerciante de guirnaldas. Era una ministra.
Un albatros de fuego, un péndulo de luz.
Me tuvo en un costado de su hiel.
Dentro de su caja de niebla musical.
Era una diosa quitándose el pellejo,
pasando por el agua hirviendo de una calle de arrabal,
comiendo uvas del patio de mis huesos,
lamiéndome la cal, la harina gris
de mi pan de octubre al desmayar.
Para el banquete de su adiós, mis piernas de ceniza.
Para su boca de rubíes indomables, mi pálido gesto de cartón.
Ahora se ríe en ese altar.
Dicen que de noche baja y entra a los boliches,
que sumerge su cuerpo de sirena musical
en la ginebra espesa de cada pulpería,
que así los emborracha. Que así los envenena.
Que se come el corazón de todo el paisanaje
con su risa plebeya de jazmín angelical.
Dicen que guarda corazones en frascos amarillos
previamente desinfectados con el humo de mi alcohol.
Al mío lo tiene en un lugar preferencial,
de noche se oye latir en la mesa de luz.
Yo soy uno más que tarde a tarde llega en procesión.
Vengo a buscar lo que me pertenece.
Pido nada más por lo que es mío.
Y ella se inclina, con su cara de perra fantasmal,
enciende un cigarrillo con la luz del fuego que me queda.
Juro que era de verdad, tenía los muslos de un azul feroz.
Era la hijastra de un violín tocado por un loco.
Era una virgen llorando sangre.


foto de Gabriel Guerra Bianchini




jueves, 28 de enero de 2016

Beatriz Vignoli -La caída

Beatriz Vignoli, Rosario, 29 de enero 1965


La caída 

Si te dicen que caí
es que caí.
Verticalmente.
Y con horizontales resultados.Soy, del ángulo recto
solamente los lados.
Ignoro el arte monumental del sesgo,
esa torsión ornamental del héroe
que hace que su caer se luzca como un salto.
Ese rizo del mártir que, ascendiendo
se sale de la víctima
y su propio tormento sobrevuela
no es mi especialidad. Yo, cuando caigo,
caigo.
No hay parábola
ni aire, ni fuerza de sustentación.
Un resbalón: espero. Al suelo llego
por la ruta más breve.
Un alud, una piedra,
una viga a la que han dinamitado.
No hay astucias del cuerpo en mi descenso.
Se sobrevive: el fondo
del abismo es más blando
para quien no vuela, sólo cae.
Si te dicen que caí,
no vengas
a enseñarme aerodinámica revisionista.
No me cuentes de los que cayeron venciendo.
No vengas a decirme
que no crees que haya sido un accidente.
En lo único que creo es en el accidente.
Lo único que sabe hacer el universo
es derrumbarse sin ningún motivo,
es desmoronarse porque sí.

martes, 26 de enero de 2016

Philippe Soupault -Georgia

Philippe Soupault,Chaville, Francia, 2 de agosto 1897 - París, 12 de marzo 1990
Traducción Aldo Pellegrini


Georgia

No duermo Georgia
Lanzo flechas en la noche Georgia
espero Georgia
pienso Georgia
el fuego es como la nieve Georgia
la noche es mi vecina Georgia
oigo todos los ruidos sin excepción Georgia
veo el humo que sube y huye Georgia
camino a paso de lobo en la sombra Georgia
corro aquí está la calle aquí están los barrios Georgia
Aquí está una ciudad siempre igual
y que yo no conozco Georgia
Me apresuro aquí está el viento Georgia
y el frío y el silencio y el miedo Georgia
me escapo Georgia
corro Georgia
las nubes están bajas están por caerse Georgia
extiendo el brazo Georgia
no cierro los ojos Georgia
llamo Georgia
grito Georgia
llamo Georgia
yo te llamo Georgia
quizá vengas Georgia
pronto Georgia
Georgia Georgia Georgia
Georgia
no puedo dormir Georgia
espero Georgia

domingo, 24 de enero de 2016

Rafael Vásquez -Muerte de un poeta

Rafael Vásquez, Boedo, 11 de octubre 1930


Muerte de un poeta
                                                a Juan Gelman

A veces
cuando se muere un poeta
hay que quedarse callado.
No por los recuerdos comunes
de lo vivido
(que no siempre existen)
sino porque los ecos de su voz ausente nos enmudecen solos.
Esos poemas que saben persistir
con su rastro asombrado de quedarse en uno.
Vienen también las fotos. Y los ojos.
Como un antiguo archivo dado vuelta
caen
mezcla de edades y miradas
de tristeza y fatiga
de premios y de duelo.
La avidez de la nota
o la penumbra de la fantasía.
Hay momentos que bajan escapados del sueño.
Son testigos que el aire disimula
y las manos se quedan con la nada del alma.
La mano de escribir
no sabe aproximarse a lo que tanto tuvo
y ahora le falta.
Su poesía
permanece en los libros.
Forma de no morir.