viernes, 30 de enero de 2015

Jack Kerouac -Corriendo a través_ Poema - canción chino

Jack Kerouac, Massachusetts, 12 de marzo 1922 - Florida, 21 de octubre 1969
Versión Esteban Moore



Corriendo a través_
Poema - canción chino


            Oh, sí
                      Yo
                en el día de hoy
    triste como Chu Yuan
 me dirigí a los tumbos al mercado
   en la ardiente mañana de octubre
        en la Florida
puteando por mi vino, transpirando
lluvias de sudor, y llegué a mi silla
  débil y temblequeante
preguntándome si finalmente no sería ésta la locura
__Oh Chuan
             ¡No!
Suicidio  ¡No!  ¡Vino por favor!
  Qué haremos todos nosotros
      que sabemos que estamos muriendo
  qué haremos sin la guía del vino
  cómo le haremos guiños a la muerte
       y a la vida también__
Mi corazón les pertenece
a los poetas chinos
y a sus pergaminos
No podemos  morirnos simplemente
   __Los hombres necesitan
         por lo menos
            poesía y vino
      O Mao, el poeta Mao,
             no el jefe Mao
       aquí en América
       se ríen del vino
       y la poesía es un chiste
__La muerte es un recordatorio  sombrío
para todos aquellos que ya están muertos
    aquellos que chocan sus autos a nuestro alrededor
                       aquí___
        Aquí los hombres y las mujeres
   fruncen el ceño fríamente
   ante la triste intención del poeta
que desea transformar todo lo que acontece
    en algo mucho menos importante__
    Yo un poeta
          sufro incluso
     cuando encuentro un insecto
        patas arriba en el pasto__
Por lo tanto bebo vino
           en soledad__
Tiemblo cuando pienso
    que los astronautas
           muertos
   viajan hacia una  luna muerta
        sin vino
En esta tierra de pesadillas se ríen
  de nuestros mejores hombres
 y los periódicos exaltan la virtud propia__
    En todo el mundo
           La izquierda y la derecha
  El Este y el Oeste, muestran sus vicios__
El gran bebedor de vino
        el feliz bebedor
                ha desaparecido__
     Quiero que reaparezca__
Si la China moderna  también
      hace gala de sus virtudes
    sus razones
        no son mejores
   que las de América__
Nadie tiene respeto  por el gato
  que duerme, yo soy un hombre
     desesperadamente inadecuado
   en este poema
__Nadie tiene respeto
        por el irresponsable ególatra
          inválido de vino
         __Todos desean estar atados
      dentro de un inútil traje espacial
  que no les permite moverse
   __Te intimo a vos, China,
      regresá a Li Po
                              y
               Tao Yuan Ming
¿De qué estoy hablando?
No lo sé,
    hoy estoy enfermo__
      No dormí en toda la noche
Caminé tambaleante en el parque
  para conseguir vino, ahora lo estoy bebiendo,
    me siento mejor y peor__
Tengo algo que decirle a Mao
   Y a los poetas de China
algo que no quiere salir__
Se trata del modo en que América
     ignora la poesía y el vino
   como  lo hace China,
        y yo soy un tonto
        sin río y sin bote
           y sin un traje floreado__
Sin vinerías en el amanecer__
___no tengo respeto por mi propio ser___
__No poseo la verdad__
Pero soy un mejor hombre
  que todos ustedes__
            Eso es
                Lo que
                  yo
            Quería decir



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miércoles, 28 de enero de 2015

Malcom Lowry -sin el dragón de la noche

Malcom Lowry, Reino Unido, 28 de julio 1909-Reino Unido, 26 de junio 1957
Versión Gerardo Gambolini


sin el dragón de la noche

las ideas de libertad están atadas a la bebida.
nuestra vida ideal incluye una taberna
donde un hombre pueda sentarse y hablar o sólo pensar,
sin miedo al dragón de la noche;
u otra taberna aun donde no haya
ningún letrero de no se fía y donde,
aparte de las cervezas ilimitadas,
nos sentemos tranquilos, borrachos y locos a redactar
folletos de una tierra en verdad mejor en que el hombre
pueda tomar un vino más delicado, ah, sin destilar,
que embriague sutilmente sin dolor,
tejiendo la visión de una taberna incomparable
donde podamos beber eternamente sin pagar
con la puerta abierta, y el viento soplando.



lunes, 26 de enero de 2015

Adrienne Rich -Helado milagroso

Adrienne Rich, Baltimore, 16 de mayo 1929 – California, 27 de marzo 2012
Versión Santiago Espel



Helado milagroso

El camión de los milagros baja por la callecita.
El ragtime de Scott Joplin cae a su paso como perlas,
y es cierto, te podés llegar a sentir feliz,
con sólo un pedazo de tu corazón.

No rechaces lo que aún está a mano:
las tetas bamboleantes de una mujer
mientras se inclina sobre vos
en la penumbra oscura de una habitación.

De a poco, la perla del crepúsculo se desvanece:
Entonces, te preparás para digerir las noticias de la noche
los milagros de la comida chatarra
las revoluciones espectrales
en fin, lo que queda de tu corazón.




sábado, 24 de enero de 2015

Mark Strand -Comiendo poesía

Mark Strand, Canadá, 11 de abril 1934 – Nueva York, 29 de noviembre 2014
Versión Silvia Camerotto



Comiendo poesía

La tinta se escapa por la comisura de mis labios.
No hay felicidad como la mía.
Estuve comiendo poesía.

La bibliotecaria no puede creer lo que ve.
Sus ojos están tristes
y camina con las manos sobre el vestido.

Los poemas se han ido.
La luz es débil.
Los perros están en la escalera del sótano y suben.

Revolean los ojos,
refriegan sus patas rubias.
La pobre bibliotecaria comienza a patalear y a llorar.

Ella no comprende.
Cuando me pongo de rodillas y lamo su mano
ella grita.

Soy un hombre nuevo.
Le gruño y le ladro,
Muero de alegría en la oscuridad libresca.




jueves, 22 de enero de 2015

Miklós Radnóti -No puedo saber

Miklós Radnóti, Budapest, Hungría, 5 de mayo 1909 - Hungría, 10 de noviembre 1944
Traducción Carlos Morales


No puedo saber
(17 de enero 1944)

No puedo saber qué significa para otros este paisaje,
mi patria, este pequeño país abrazado al fuego,
el mundo de mi niñez que lejana se mece.
Crecí de él, como una tierna rama del tronco de un árbol,
y espero ver mi cuerpo hundirse en él un día.
Estoy aquí, en casa. Y si alguna vez a mis pies se arrodilla
un arbusto, conozco su flor y hasta su nombre,
sé adónde van y quiénes van por el camino,
y sé qué significa en la madrugada del verano
ese dolor rojo que nace en el muro de la casa.
Para el piloto que lo sobrevuela, este paisaje es tan sólo un mapa
y no sabe en qué lugar vivió Mihäly Vörösmarty,
¿qué esconde para él esta región? fábricas y áridos cuarteles.
Yo veo un saltamontes, un buey, la torre, una granja apacible,
pero él ve fábricas con los prismáticos y campos de labranza;
yo veo trabajadores que tiemblan por lo suyo,
temporeros que silban, bosques, viñedos y tumbas,
y entre las tumbas madres que lloran en silencio.
Y lo que desde arriba son raíles y fábricas indemnes que hay que destruir
es el guardagujas y el ferroviario dando la señal
rodeado de niños y con una bandera roja en la manos,
y en el patio de la fábrica se revuelca un perro pastor,
y allí está el parque, la huella de los viejos amores,
y el sabor a miel y arándano de los besos en mi boca,
y aquí la piedra que puse al borde de la acera
para que el maestro no me preguntara,
la piedra que ahora piso y nadie pude ver desde lo alto,
Es verdad, somos culpables, pero no más que el resto de los pueblos,
y sabemos bien cuándo hemos pecado, dónde y de qué modo,
pero aquí vive gente que trabaja, y poetas sin culpa,
y niños de pecho en los que la razón madura,
la misma que ahora los alumbra y protege en los sótanos oscuros
hasta que el delo de la paz dibuje de nuevo una señal en nuestra tierra
y con su fresca voz responda a las palabras nuestras tan ahogadas.
Cúbrenos ya con tus extensas alas, nube del amanecer.

martes, 20 de enero de 2015

Robert Lowell -Recuerdos de la calle Oeste y de Lepke

Robert Lowell, Boston, 1 de marzo 1917 - Nueva York, 12 de septiembre 1977
Versiones Esteban Moore – Vanesa Malrossa



Recuerdos de la calle Oeste y de Lepke

Sólo doy clases los martes y leo, soy un ratón de biblioteca
en piyamas recién salidos cada mañana del secarropa,
y ocupo toda una casa en la “casi nunca apasionada
calle Marlborough de la ciudad de Boston”,
donde incluso el hombre
que revuelve la basura en los contenedores
del callejón trasero, tiene dos hijos, posee
una camioneta , un ayudante
y vota por “los republicanos”.
Yo tengo una hija de nueve meses de edad,
suficientemente joven para ser mi nieta.
Al igual que el sol ella amanece en su piyamita
rosa flamenco intenso.

Estos son los tranquilizados cincuenta, y yo ya he cumplido
los cuarenta. ¿Debería arrepentirme de mi tiempo de siembra?
Fui un católico O.C. en llamas e hice mi maníaca proclama,
acusando al estado y al presidente, luego
esperé en un calabozo mi sentencia, sentado al lado
de un muchacho negro con ensortijadas hebras de marihuana
/en su cabello.

Condenado a un año,
caminé sobre los techos de la cárcel de la calle Oeste, un
espacio no más largo que la cancha de fútbol de mi escuela,
y vi el río Hudson una vez al día a través de la ropa agitada
por los vientos, tendida en las azoteas y de los amarronados
edificios de departamentos, blanqueándose a la intemperie.
En mis caminatas discutí afiebradamente temas metafísicos
con Abramowitz, un tipo cetrino, amarillento (“en realidad bronceado”)
un pacifista peso mosca,
muy vegetariano,
usaba sandalias de soga y suela de yute
y prefería la fruta caída.
Él intentó convencer a Bioff y Brown,
los proxenetas de Hollywood para que adoptaran su dieta.
Ellos, peludos, musculares, suburbanos,
vestidos en trajes color chocolate con sacos cruzados
se hartaron y le dieron una paliza que lo dejó azul -negro.

Yo estaba tan alejado del mundo que nunca
había escuchado hablar de los Testigos de Jehová.
“¿Sos un O.C.? Le pregunté a otro preso, un pájaro de cuenta.
“No,” me contesto, “Soy T.J.”
Él me enseño a tender la cama como lo hacen en los hospitales,
me señaló al Zar Lepke, miembro del Sindicato del crimen,
quien de espaldas y en camiseta hacía tiempo
en la lavandería, doblando y apilando toallas
o caminando lentamente hacia una celda aislada
llena de objetos prohibidos al preso común:
una radio portátil, una cómoda, dos banderitas americanas
entrelazadas con una palma pascual.
Fláccido, calvo, lobotomizado,
flotaba tímidamente, tranquilo,
en ese territorio donde ninguna reconsideración
por agonizante que fuera
lograba estremecer sus pensamientos, concentrados en la silla eléctrica,
que pendía como un oasis en su atmósfera
de conexiones perdidas…   


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domingo, 18 de enero de 2015

Hart Crane -Proemio al Puente de Brooklyn


Hart Crane, Ohio, 21 de julio 1899 - Golfo de México, 27 de abril 1932
Traducción A. Bioy Casares y J. L. Borges 



Proemio al Puente de Brooklyn

Cuántos amaneceres, fríos de sus descansos en las aguas
Las alas de la gaviota lo sumergirán y lo dirigirán
Desparramando blancos anillos de tumulto, erigiendo alta
Sobre las encadenadas aguas de la bahía la Libertad.

Entonces, con inviolada curva, abandona nuestros ojos
Tan espectacular como velas que cruzan
Alguna página de cifras que serán archivadas;
-Hasta los ascensores nos gotean de nuestro día...

Pienso en cinematógrafos, panorámicos ardides
Con muchedumbres asomadas a una deslumbrante escena
Nunca revelada, pero hacia la cual vuelven a apresurarse,
Predicha a otros ojos en la misma pantalla;

Y Tú, sobre el puerto, con pasos de plata
Como el sol te hubiera distanciado, pero dejando
Algún intacto movimiento en tu andar-
Deteniéndote, implícitamente te liberan!

Desde alguna prisa del subterráneo, celda o desván,
Corre un loco hacia tus parapetos,
Ladeándose momentáneamente, hinchada la aguda camisa,
Una mofa cae de la silenciosa caravana.

Murallón Abajo, desde la viga al medio de la calle gotea
Un diente arrancado del acetileno del cielo;
Toda la tarde las grúas embanderadas de nubes giran...
Tus cables respiran aún el Atlántico norte.

Y oscuro como aquel cielo de los judíos,
Tu galardón... Espaldarazo que confieres
De anonimidad que el tiempo no puede corregir:
Muestras vibrante indulto y perdón.

Oh arpa y altar de la furia conjugada
(¡Cómo podría un mero trabajo alinear tus cuerdas corales!)
Terrible umbral de la promesa del profeta
Plegaria de la parroquia, y el grito de los amantes-

De nuevo las luces del tráfico que rozan tu rápido,
Indiviso idioma, inmaculado signo de estrellas,
Manchando tu camino -condensan la eternidad:
Y hemos visto la noche levantada en tus brazos.

Bajo tu sombra, junto a los muelles aguardé;
Sólo en la oscuridad es clara tu sombra.
Los fogosos fragmentos de la ciudad están deshechos,
Ya la nieve inunda un año de hierro...

Oh insomne como el río que atraviesas,
Abovedando el mar, el sueño visionario de las praderas,
Desciende hasta nosotros, los humildes, alguna vez,
Y de tu curva ofrece un mito a Dios.