viernes, 30 de diciembre de 2016

Néstor Sánchez -noveno

Néstor Sánchez, Villa Pueyrredón, 7 de febrero 1935–Villa Pueyrredón, 15 de abril 2003


noveno

noveno que el muy despeinado Yuyo chico le tendió un crisantemo a María quien le pasó dicho crisantemo a Batsheva mientras Donald Gleason le daba una cala al Yuyo grande y éste recibía claveles de manos de Batsheva y el Yuyo chico le daba helechos a María que a su vez le ponía un gladiolo en las manos a Donld Gleason quien tomó un clavel para el Yuyo chico que me tendió una rosa que le tendí al Yuyo grande mientras Batsheva recibía gladiolos de María que a su vez le pasaba helechos al Yuyo grande que se los dio a Donald Gleason que me tendió una cala mientras María recibía dos claveles de manos de Batsheva que me tendió una cala, un clavel, helechos, y yo le pasé los helechos al Yuyo chico, la cala al Yuyo grande que me dio crisantemos y a María una rosa en el momento en que Donald Gleason le pasaba dos calas a Batsheva y el Yuyo chico recibía un único gladiolo por parte de María quien a su vez le daba helechos al Yuyo grande que me dio un crisantemo y otro al Yuyo chico que le dio una rosa a Batsheva que me tendió una cala que le pasé a Donald Gleason y éste a María quien se la pasó a Giménez y Giménez le tendió la cala a Batsheva cuando Donald Gleason le daba rosas (a Giménez) y el Yuyo grande una cala y el Yuyo chico un clavel y Giménez le tendió una cala a Batsheva y yo un clavel a Giménez y Batsheva un crisantemo al Yuyo grande a punto de recibir calas por parte del Yuyo chico y debido a la fuerza del viento se le voló el sombrero a Giménez y Giménez dejó que se le volara por uno de los senderos de esa juntidad flagrante en la meseta que es el cementerio de Flores mientras María le pasaba rosas al Yuyo grande que me tendió un crisantemo cuando yo ponía helechos en las manos de Batsheva

miércoles, 28 de diciembre de 2016

Seamus Deane -Cortando leña

Seamus Deane, Derry, Reino Unido, 9 de febrero 1940
Versión Gerardo Gambolini


Cortando leña

Estaba hachando leña en el cobertizo
al atardecer. Una ráfaga de viento
cerró de golpe la puerta, lanzándome
a una negrura tal
que erré el golpe y arranqué
una chispa del suelo.

Me vinieron recuerdos de mi padre
cortando leña en otoño,
y con ello el olor del humus,
el vuelo anunciado
de las últimas golondrinas,
el dorado marchito de las avispas

en la trama radiada
de las telarañas. Los recuerdos
me detuvieron tanto tiempo que estaba oscuro
cuando empecé a juntar las astillas.
Un soplo de resina, y sentí
agitarse las semillas del dolor

mientras volcaba la leña blanca
en la caja que retumbaba
y oía al viento azotar
los árboles y torcer para volverse
una corriente de lamento
contra el muro recortado.

Caída blanca de la madera y una chispa que salta
azul-rojiza, golpe de viento
negro alquitrán, tintes oscuros
de aguas tranquilas y en movimiento,
las muertes a tiempo de los veranos,
las muertes a destiempo de los padres...

¿Tenía que estar hachando
casi en la oscuridad, invocar la chispa
de su profunda capacidad de enriquecimiento
y decadencia? Como sea, en este clima enmarañado
debo cortar leña para el hogar
y partir el viento implacable

para oír sus ruidos interiores.
Pronto el rojo panal del fuego
inflamará de brillo el atizador
hasta la mitad. Pronto
el humo de la leña en el aire
llevará mi sentimiento hacia la noche.

lunes, 26 de diciembre de 2016

Enrique Banchs -I

Enrique Banchs, Bs As, 8 de febrero 1888 –Bs As, 6 de junio 1968


I

Tornasolando el flanco a su sinuoso
paso va el tigre suave como un verso
y la ferocidad pule cual terso
topacio el ojo seco y vigoroso.

Y despereza el músculo alevoso
de los ijares, lánguido y perverso
y se recuesta lento en el disperso
otoño de las hojas. El reposo...

El reposo en la selva silenciosa.
La testa chata entre las garras finas
y el ojo fijo, impávido custodio.

Espía mientras bate con nerviosa
cola el haz de las férulas vecinas,
en reprimido acecho... así es mi odio.

sábado, 24 de diciembre de 2016

Haim Nachman Bialik -En la ciudad de la matanza

Haim Nachman Bialik, Volinia, 9 de enero 1873 – Viena, 4 de julio 1934  
Traducción Gerardo Lewin


En la ciudad de la matanza
(fragmento)

Levántate y marcha hacia la ciudad de la matanza.
Ve a sus plazas,
observa con tus propios ojos,
palpa con tus propias manos
las cercas, los árboles, las rocas.
Mira: sobre la cal del muro
la sangre coagulada,
los sesos endurecidos de las víctimas.

Encamínate hacia las ruinas,
salta por encima de los desechos,
atraviesa las paredes rotas
y las cocinas incendiadas
en donde la piqueta ha perforado quiebres
y agrandado, ensanchado vacíos,
donde la negra piedra se descubre,
la desnudez del ladrillo calcinado,
abiertas, desesperadas bocas de heridas negras
a las que no puedes aplicar ya cura o medicina,
tus piernas se hunden en plumas y cascotes,
entre pilas de escombros y de astillas,
en la derrota de los libros y los manuscritos,
el despojo del trabajo inhumano,
el redoblado fruto de unas arduas labores…

No te detengas ante los destrozos, sigue tu camino.
Renacen las acacias frente a ti,
derraman su perfume,
entre sus brotes penachos como flechas,
su aroma es el aroma de la sangre;
a tu pesar aspiras el perfume extraño,
la suavidad de la lozanía en tu corazón no te asquea;
con mil flechas doradas te lacera el sol,
siete rayos agreden en esquirlas de vidrios,
pues mi señor convocó, a un mismo tiempo,
a la matanza y a la primavera.


Sale el sol, florece la acacia y degüella el matarife.

jueves, 22 de diciembre de 2016

Rafael Alberti -III

Rafael Alberti, España, 16 de diciembre 1902- España, 28 de octubre 1999


III 

¡El Museo del Prado! ¡Dios mío! Yo tenía
pinares en los ojos y alta mar todavía
con un dolor de playas de amor en un costado,
cuando entré al cielo abierto del Museo del Prado.

¡Oh asombro! ¡Quién pensara que los viejos pintores
pintaron la Pintura con tan claros colores;
que de la vida hicieron una ventana abierta,
no una petrificada naturaleza muerta,
y que Venus fue nácar y jazmín trasparente,
no umbría, como yo creyera ingenuamente!
Perdida de los pinos y de la mar, mi mano
tropezaba los pinos y la mar de Tiziano,
claridades corpóreas jamás imaginadas,
por el pincel del viento desnudas y pintadas.
¿Por qué a mi adolescencia las antiguas figuras
le movieron el sueño misteriosas y oscuras?
Yo no sabía entonces que la vida tuviera
Tintoretto (verano), Veronés (primavera),
ni que las rubias Gracias de pecho enamorado
corrieran por las salas del Museo del Prado.
Las sirenas de Rubens, sus ninfas aldeanas
no eran las ruborosas deidades gaditanas
que por mis mares niños e infantiles florestas
nadaban virginales o bailaban honestas.

Mis recatados ojos agrestes y marinos
se hundieron en los blancos cuerpos grecolatinos.
Y me bañé de Adonis y Venus juntamente
y del líquido rostro de Narciso en la fuente.
Y -¡oh relámpago súbito!- sentí en la sangre mía
arder los litorales de la mitología,
abriéndome en los dioses que alumbró la Pintura
la Belleza su rosa, su clavel la Hermosura.

¡Oh celestial gorjeo! De rodillas, cautivo
del oro más piadoso y añil más pensativo,
caminé las estancias, los alados vergeles
del ángel que a Fra Angélico cortaba los pinceles.
Y comprendí que el alma de la forma era el sueño
de Mantegna, y la gracia, Rafael, y el diseño,
y oí desde tan métricas, armoniosas ventanas
mis andaluzas fuentes de aguas italianas.

Transido de aquel alba, de aquellas claridades,
triste «golfo de sombra», violentas oquedades
rasgadas por un óseo fulgor de calavera,
me ataron a los ímprobos tormentos de Ribera.
La miseria, el desgarro, la preñez, la fatiga,
el tracoma harapiento de la España mendiga,
el pincel como escoba, la luz como cuchillo
me azucaró la grácil abeja de Murillo.
De su célica, rústica, hacendosa, cromada
paleta golondrina María Inmaculada,
penetré al castigado fantasmal verdiseco
de la muerte y la vida subterránea del Greco.
Dejaba lo espantoso español más sombrío
por mis ojos la idea lancinante de un río
que clavara nocturno su espada corredora
contra el pecho elevado, naciente de la aurora.
Las cortinas del alba, los pliegues del celaje
colgaban sus clarísimos duros blancos al traje
del llanamente monje que Zurbarán humana
con el mismo fervor que el pan y la manzana.
¡Oh justo azul, oh nieve severa en lejanía,
trasparentada lumbre, de tan ardiente, fría!
La mano se hace brisa, aura sujeta el lino,
céfiro los colores y el pincel aire fino;
aura, céfiro, brisa, aire, y toda la sala
de Velázquez, pintura pintada por un ala.
¡Oh asombro! ¡Quién creyera que hasta los españoles
pintaron en la sombra tan claros arreboles;
que de su más siniestra charca luciferina
Goya sacara a chorros la luz más cristalina!

Mis oscuros demonios, mi color del infierno
me los llevó el diablo ratoneril y tierno
del Bosco, con su químico fogón de tentaciones
de aladas lavativas y airados escobones.
Por los senderos corren refranes campesinos.
Patinir azulea su albor sobre los pinos.
Y mientras que la muerte guadaña a la jineta,
Brueghel rige en las nubes su funeral trompeta.

El aroma a barnices, a madera encerada,
a ramo de resina fresca recién llorada;
el candor cotidiano de tender los colores
y copiar la paleta de los viejos pintores;
la ilusión de soñarme siquiera un olvidado
Alberti en los rincones del Museo del Prado;
la sorprendente, agónica, desvelada alegría
de buscar la Pintura y hallar la Poesía,
con la pena enterrada de enterrar el dolor
de nacer un poeta por morirse un pintor,
hoy distantes me llevan, y en verso remordido,
a decirte, ¡oh Pintura!, mi amor interrumpido.

martes, 20 de diciembre de 2016

Fernando Aíta -Oración a San Houdini

Fernando Aíta, Buenos Aires, 6 de diciembre 1975


Oración a San Houdini

Santo Houdini querido,
vos que tanto zafaste
cerrojo, candado, cadena...
mandame luz, un hilo inspirador
que se cuele en la cueva,
un claro al fondo del túnel
donde el espíritu va y viene.

Santo escapista que estás en la gloria,
libráme de la paranoia:
que se doblen como elásticos
los barrotes de mi mente
y adelgacen mis muñecas
cuando apreten las esposas.

Oh gran santo del pire, te pido
que las ideas no se me enganchen
en un nudo fulero, un mal rollo.
No quiero quedar girando
como el cobayo en la ruedita.

Mago de la evasión,
que no hay engome que te contenga,
haceme un rato transparente
la reja, la malla, el cerco...
quiero ver puro un instante
amanecer, atardecer, la luna llena...
no sabés qué difícil y qué lindo
contemplar el paisaje sin límites.

Ay gran santo de la fuga,
acá estamos atrapados
como dígitos entre columnas
sin el beneficio de la incógnita.
Mientras completo la espera,
enseñáme algún truquito
para escaparle a la trampa,
deshacerme del grillete.

Vos que guardás bajo la lengua
la llave de la creación,
dame la ganzúa del ingenio:
que mi alma prófuga siga libre
y no me zarpen lo que siento
del cofrecito del corazón.

Gracias santo indetenible,
paz, amor y libertad. Amén.

domingo, 18 de diciembre de 2016

Rudyard Kipling -Mi hijo Jack

Rudyard Kipling, Bombay, 30 de diciembre 1865 – Londres, 18 de enero 1936
Versión Gerardo Gambolini


Mi hijo Jack

“¿Tienes noticias de mi hijo Jack?”
-No con esta marea.
“¿Cuándo crees que regresará?”
-No con este viento, y con esta marea.

“¿Alguien recibió noticias de él?”
-No con esta marea.
Pues lo hundido difícilmente nade,
no con este viento, y con esta marea.

“Oh, Dios, ¿qué consuelo puedo hallar?”
-Ninguno con esta marea,
ni con ninguna marea,
salvo que no avergonzó a los suyos —
ni aun con ese viento, y esa marea.

-Así que mantén la cabeza bien erguida,
con esta marea,
y con cualquier marea;
¡porque él fue el hijo que engendraste
y que entregaste a ese viento, y a esa marea!

viernes, 16 de diciembre de 2016

Joyce Carol Oates -Anécdota de amor

Joyce Carol Oates, Nueva York, 16 de junio 1938
Versión Sandra Toro


Anécdota de amor

Mientras se enamora, él le extrae los secretos
de su “vida anterior”.

Mientras le extrae los secretos de su “vida anterior”,
él se enamora.

Es salvaje, embriagador y ácido, vertiginoso. Es un interrogatorio.
Le dice, contame. Por favor, contame.
No dudes. No tengas vergüenza. Es humano, dice.
Le ruega: no es avidez mía, te define.
No mientas.

Él es dedicado. Es insaciable.
Su sombra se extiende desde sus pies, henchida y generosa,
hacia ella. Pero seguro te olvidás de algo, le dice.
Primera desaprobación, la hoja del cuchillo, entre las cejas perfectas,
esa no puede ser toda la historia, dice.
No convence. Casi no es una anécdota.

Él es tierno, es el ala lustrosa de un avión enorme,
es el olvido, todo hambre, sed inextinguible, abnegación.
Hay más, dice con calma, vos no me estás diciendo toda
la verdad, me estás mintiendo, dice, ¿no sabés que
nada que descubra me va a hacer enojar?

Mientras drena su “vida anterior”, el amor de él disminuye.
Pronto va a ser camaradería; después, hermandad.
Y después no va a ser nada.

Sin embargo, esta noche está feroz de amor, y con ganas de
rogar. Te olvidaste bastante, dice, por favor no me mientas,
dice, qué es, le pregunta.
Él siempre pregunta.

miércoles, 14 de diciembre de 2016

Marcos Ana -Mi corazón es patio

Marcos Ana, Alconada, 20 de enero 1920 – Madrid, 24 de noviembre 2016


Mi corazón es patio

La tierra no es redonda:
es un patio cuadrado
donde los hombres giran
bajo un cielo de estaño.

Soñé que el mundo era
un redondo espectáculo
envuelto por el cielo,
con ciudades y campos
en paz, con trigo y besos,
con ríos, montes y anchos
mares donde navegan
corazones y barcos.

Pero el mundo es un patio
(Un patio donde giran
los hombres sin espacio)

A veces, cuando subo
a mi ventana, palpo
con mis ojos la vida
de luz que voy soñando.
y entonces, digo: “El mundo
es algo más que el patio
y estas lozas terribles
donde me voy gastando”.

Y oigo colinas libres,
voces entre los álamos,
la charla azul del río
que ciñe mi cadalso.

“Es la vida”, me dicen
los aromas, el canto
rojo de los jilgueros,
la música en el vaso
blanco y azul del día,
la risa de un muchacho…

Pero soñar es despierto
(mi reja es el costado
de un sueño
que da al campo)

Amanezco, y ya todo
-fuera del sueño- es patio:
un patio donde giran
los hombres sin espacio.

¡Hace ya tantos siglos
que nací emparedado,
que me olvidé del mundo,
de cómo canta el árbol,
de la pasión que enciende
el amor en los labios,
de si hay puertas sin llaves
y otras manos sin clavos!

Yo ya creo que todo
-fuera del sueño- es patio.
(Un patio bajo un cielo
de fosa, desgarrado,
que acuchillan y acotan
muros y pararrayos).

Ya ni el sueño me lleva
hacia mis libres años.
Ya todo, todo, todo,
-hasta en el sueño- es patio.

Un patio donde gira
mi corazón, clavado;
mi corazón, desnudo;
mi corazón, clamando;
mi corazón, que tiene
la forma gris de un patio.
(Un patio donde giran
los hombres sin descanso)

lunes, 12 de diciembre de 2016

Omar López -Barracas

Omar López, Villa Urquiza, CABA, 15 de octubre 1952


Barracas

El cielo se estrujó sobre Barracas
las calles mojadas corren al Riachuelo
su boca de animal prehistórico se traga
en la orilla la ciudad revuelta.
Lluvia ácida que abre los poros adoquinados
mansa furia sobre la pobreza de conventillos
y galpones huérfanos.
Hay un grito en esta noche
y en la oscuridad se remacha la figura de los últimos caminantes
en la ribera duermen los viejos ultramarinos
sobre el puente Avellaneda una mujer corre desnuda
sube al mástil y se lanza en picada al agua embetunada
un relámpago azota sus piernas
no es noche para morirse sobre las gotas dulces del cielo
cuando la loca soledad no se advierte.
Barracas es un caserío mojado
al borde de la ciudad de neón
donde los autos escupen bocinas
y los hombres se acorralan como bestias hipnóticas.
Un perro desolado espera que la luna asome entre las nubes
mi padre se suicidó en el riacho Quinquela
yo camino por su costa mosquito
el hambre de los ex hombres se moja junto al olvido
un marinero llora sobre el puente fantasma del último barco carbonero
en la fonda de Patricios y Pedro de Mendoza un viejo capataz
emborracha a sus recuerdos
llueve y los niños de la pobreza tiritan de frío
en mi barrio muerto de futuro
del museo de cera escapa el último guapo
y en la Vuelta de Rocha un ciruja duerme insolente bajo las estrellas llorosas.
Yo tomo tu mano al borde del abismo
desprendo tu blusa
muerdo tu corazón y me derrumbo
acribillado por la última gota de la esperanza.
Cuando el mundo se despide de la noche
Barracas bosteza
sobre mi humanidad de marinero sin barco
en mi seca cama sin orillas.

sábado, 10 de diciembre de 2016

Eugenio Mandrini -Imágenes para una carta de amor en invierno

Eugenio Mandrini, Bs As, 16 de diciembre 1936


Imágenes para una carta de amor en invierno

¿Qué hiciste del deseo que apretabas
en los dientes como una presa?
Deberías imaginarme extendidos los brazos
a la espera de tu sombra de lámpara
o tu cabellera negra que iniciaba la noche
Ver como te desnudabas
era un acto de resurrección donde
el aire, el ojo, el latido, el tiempo, se paralizaban;
luego, al acariciarte, se encendía el otro cielo,
el de un infierno perdurable, en el que iríamos
a yacer hasta dorarnos
Vuelve
Es invierno, y si vuelves,
habré olvidado al exiliado que soy debatiéndose
como pez en el anzuelo del frío
Libérame del estupor de estar viendo,
nítido en la sombra, el límite del fin, mientras
el viento raspa la puerta
y siembra miedo en los espejos
¿O será que saciado está
el ciego animal de tu hambre? Acabo de pedirle a la escalera
que me devuelva la rima de tus pasos, y a los ruidos
de la noche que se congreguen
en tu nombre, y tu nombre se oiga, exaltado,
como un coro de Verdi
Vuelve
La soledad es un ciego palpando un eclipse
La soledad es el gato negro de Poe que oscurece
el fuego de los tigres
La soledad es un dios sordo que no sabe gozar
de los rezos del mundo
¿A qué, entonces, tanta soledad
si ya la elevaste a multitud?
Vuelve
A veces, al mirarnos desnudos, brotaba
de los ojos una luz de incendio que hacía retroceder
a los muebles; otras veces, siempre desnudos,
permanecíamos tensos y graves, como en un concierto,
creyendo escuchar los movimientos
de la sangre. Eran nuestros modos
de detener al tiempo, ese bárbaro que pasa dejando
solo rastros de perdición
Vuelve No me hagas escribir que
el amor termina siempre refugiándose en sí mismo
como un ovillo de silencio
y que su secreto es desear morir,
después de haberse llevado todo como el río,
y dejarnos sin saber para quién
humeará de nuevo: acaso
para el viento que todo lo abate
No demasiado tarde
vuelve,
vuelve
¿Pero adónde irías a volver si nunca
nos hemos conocido?
Solo son imágenes
para una simulada carta escrita
en una de esas tardes de un desnudo invierno
frío y solitario como todos.


jueves, 8 de diciembre de 2016

Bertolt Brecht -Visita a los poetas desterrados

Bertolt Brecht, Augsburgo, 10 de febrero 1898 – Berlín, 14 de agosto 1956
Traducción Vicente Romano


Visita a los poetas desterrados

Cuando, en sueños, entró en la cabaña de los poetas desterrados,
situada junto a la que habitan
los maestros desterrados -de ella le llegaron risas y discusiones-,
apareció en la puerta Ovidio y le dijo bajando la voz:
«Mejor que no te sientes todavía. No has muerto aún. Quién sabe
si todavía volverás a casa.
Y sin que cambie nada sino tú mismo.»
Pero, con una mirada consoladora,
Po Chu-i se acercó y, sonriendo, dijo:
«El rigor se lo ha ganado todo el que citó una sola vez la injusticia.»
Y su amigo Tu-fu dijo, tranquilo:
«¿Comprendes? El destierro no es el lugar donde se olvida la soberbia.»
Pero, más terrenal,
se acercó el andrajoso Villon y preguntó:
«¿Cuántas puertas tiene la casa donde vives?»
Y Dante, lo tomó del brazo,
le llevó aparte, murmurándole:
«Esos versos tuyos están llenos de imperfecciones,
amigo: piensa
que todo está contra ti.»
Y Voltaire le gritó desde lejos:
«¡Preocúpate del dinero o te matan de hambre!»
«¡Y mezcla alguna que otra broma!»,
gritó Heine. «Es inútil»,
gruñó Shakespeare. «Cuando llegó el rey jacobo tampoco
yo pude escribir más.»
«Si llegas al proceso, búscate un sinvergüenza de abogado»,
clamó Eurípides,
«porque él conocerá los agujeros de la red de las leyes».
La carcajada duraba todavía, cuando de un oscuro rincón
llegó un grito:
«Eh, tú, ¿también se saben
de memoria tus versos?»
«¿Y se salvarán de la persecución los que se los saben?»
«Ésos», dijo Dante en voz baja,
«son los olvidados. No sólo
los cuerpos, sino también las obras les destruyen.»
Cesaron las risas. Nadie se atrevía a mirar.
El recién llegado se había puesto pálido.

martes, 6 de diciembre de 2016

Mercedes Roffé -Paisaje

Mercedes Roffé, Buenos Aires, 23 de junio 1954


Paisaje

Composición (predominantemente) natural
con cierta intención o co(i)nci(d)encia estética
armónica o naïve, romántica o siniestra
vívida o espectral
abigarrada o escueta
--donde la o no excluye: acumula--
en todo caso
pampa con árbol
mar en tempestad
regadío suizo con tractor al fondo
muralla almenada y en sesgo, en ojival recuadro
campo verde ondulado y caserío
roca roja
tierra negra de hulla
hierro
alquitranada autopista
verde olivar intenso / troncos de un marrón calcinado
vaca
puesta de sol
--sobreimpresa quizás
un poco demasiado cerca mi cara
en el cristal--
nubes, nubes
manada morosa por el llano azul
y abajo
como una tela marcada por un sastre
--punto flojo--
trapecios de tierra arada
amarillo reseco
terracota
gris
asfalto
un poco más: granito


¿y el desierto?
¿y las montañas negras como lobas?
¿y las cumbres nevadas, borrascosas?


¿y qué del sueño? ¿y qué
del día que empieza? ¿y qué del resignado
perfil del que termina?


¿Y de los otros,
lunares y estelares, oníricos, suprarreales, submarinos...?
Cuevas de hielo azul y malaquita
horizonte en los ojos del zorro husmeando la próxima presa
o corte vertical del vientre del planeta
¿Y qué de la ciudad? ¿qué
de la reina picuda? Aristas, filos, sombras, puntas de alfiler
y al borde el río
O acaso se ha de tomar à la lettre
aquello de
"verde y arbolado
campestre o inter-
estelar"
        —la o no excluye, ni acumula; quizás sea sólo
el resabio
de un gesto de sorpresa demasiado
conciente de sí mismo


paisaje del
país que lleva adentro
oh nido pasajero



pasa seca / muy mayor

peisaj éxodo / a través de los caminos

pisa acción de pisar / porción de aceituno o uva que se estruja de una vez en el molino o
lagar / zurra o tunda de patadas o coces / Germ. casa de mujeres públicas; mancebía

pasaje transición / camino estrecho, oscuro

peaje precio

paja

pija miembro viril / cosa insignificante, nadería

asia

paje

peje pez, pescado / hombre astuto y taimado

pesa

pase

    —Pase
   (una puerta al vacío)








Foto Fréderiqué Longrée







domingo, 4 de diciembre de 2016

Ricardo Ruiz -susurra y borda...

Ricardo Ruiz, Bs As, 16 de noviembre 1953


Cerca de un manantial una no tiene sed,
cerca de una hermana no desespera.
Nü Shu / Lenguaje de Mujeres
Dinastía Tang (618 – 907) – 2005.


susurra
y borda
escritura
de pequeños pies
un decir
se repite
entre mujeres
lame
de una isla a otra
de un labio a otro
dolor plegaria
saliva
del destierro
del odio del amor

¿una suave tormenta
detrás? ¿del amo
inversa caligrafía?
¿tambalea? ¿canta
la mañana que no llega?

así
de una a otra
isla plegaria
entre mujeres
de pequeños pies
tambalea
un decir
detrás
del destierro
se repite
lame
de un labio a otro
saliva del dolor
tormenta escritura
del dolor del odio
borda la mañana
que no llega
y susurra

viernes, 2 de diciembre de 2016

Jean Genet -El condenado a muerte

Jean Genet, París, 19 de diciembre 1910 – París, 15 de abril 1986
Versión Lino Mondino


El condenado a muerte

El viento que en los patios arrastra un corazón;
un ángel que solloza suspendido de un árbol,
la columna de azul que envuelve el mármol
alumbran en mi noche salidas de emergencia.

Un pájaro que muere y el sabor a ceniza,
el recuerdo de un ojo dormido sobre el muro
y el dolorido puño que amenaza el azul
al hueco de mis manos hacen bajar tu rostro.

Ese rostro más duro y sutil que una máscara,
más cargado en mi palma que en los dedos del ladrón
la joya que se embolsa, anegado en llanto.
Es feroz y es sombrío y el laurel lo corona.

Es severo tu rostro como el de un monje griego.
Trémulo permanece en mis manos cerradas.
De una muerta es tu boca y rosas tus ojos,
y tu nariz, quizás, el pico de un arcángel.

La brillante helada de un perverso pudor
que empolvó tus cabellos de astros de limpio acero,
que coronó tu frente de espinas de rosal,
¿Qué revés la fundió cuando tu rostro canta?

¿Qué fatalidad, centellea en tu mirada
con despecho tan alto, que el más cruel dolor,
visible y descompuesto decora tu bella boca
pese a tu llanto helado, de una sonrisa fúnebre?

No cantes esta noche “Les costauds de la lune”.
Sé más bien, chico de oro, princesa de una torre
que sueña melancólica en nuestro pobre amor;
o pálido marinero que vigila en la lágrima.

Y a la tarde desciende y canta sobre el puente
entre los marineros, destocados y humildes,
el "Ave María Stella". Cada marino blande
su verga palpitante en la pícara mano.

Y para atravesarte, grumete del azar,
bajo el calzón se empalman los fuertes marineros.
Amor mío, amor mío, ¿Podrás robar las llaves
que me abrirán el cielo donde tiemblan los mástiles?

Desde allí siembras, blancos encantamientos,
copos sobre mis páginas, en mi muda prisión:
lo espantoso, los muertos en sus flores violetas,
la parca con sus gallos, sus espectros de amantes.

Con sofocados pasos cruza en ronda la guardia.
En mis ojos vacíos tu recuerdo reposa.
Puede ser que se evada atravesando el techo.
Se habla de la Guyana como una tierra cálida.

¡Oh el dulzor de la cárcel lejana e imposible!
¡Oh el indolente cielo, el mar y las palmeras,
las límpidas mañanas, los crepúsculos calmos,
las cabezas rapadas, las pieles de satén!

Evoquemos, Amor, a cierto duro amante,
enorme como el mundo y de cuerpo sombrío.
Nos fundirá desnudos en sus oscuros antros,
entre sus muslos de oro, en su cálido vientre.

Un macho deslumbrante tallado en un arcángel
se excita al ver los ramos de clavel y jazmín
que llevarán temblando tus manos luminosas,
sobre su augusto flanco que tu abrazo estremece.

¡Oh tristeza en mi boca! ¡Amargura inflamando
mi pobre corazón! ¡Mis fragantes amores,
ya se alejan de mí! ¡Adiós, huevos amados!
Sobre mi voz quebrada, ¡adiós minga insolente!

¡No cantes más, chico, dejá ese aire apache!
intenta ser la joven de luminoso cuello,
o, si el miedo te deja, el melodioso niño,
muerto en mí mucho antes que el hacha me mutile.

¡Mi bellísimo lacayo coronado de lilas!
inclínate en mi lecho, deja a mi pija dura
golpear tu mejilla. Tu amante el asesino
te relata su gesta entre mil explosiones.

Canta que un día tuvo tu cuerpo y tu semblante,
tu corazón que nunca lastimarán las espuelas
de un tosco caballero. ¡Poseer tus rodillas,
tus manos, tu garganta, tener tu edad, pequeño!

Robar, robar tu cielo salpicado de sangre,
lograr una obra maestra con muertos cosechados
por doquier en los prados, los asombrados muertos
de preparar su muerte, su cielo adolescente...

Las solemnes mañanas, el ron, el cigarrillo...
las sombras de tabaco, de prisión, de marinos
acuden a mi celda, y me tumba y me abraza
con cargada bragueta un espectro asesino.

La canción que atraviesa un mundo tenebroso
es el grito de un rufián traído por tu música,
el canto de un ahorcado tieso como una estaca,
la mágica llamada de un pícaro enamorado.

Un muchacho dormido solicita las boyas
que no lanza el marino al dormido lunático.
Un niño contra el muro erguido permanece,
otro duerme encogido con las piernas cruzadas.

Yo maté por los ojos de un bello indiferente
que nunca comprendió mi contenido amor,
en su góndola negra una ignorada amante,
bella como un navío y adorándome muerta.

Cuando ya estés dispuesto, alistado en el crimen,
de crueldad cubierto, con tus rubios cabellos,
en la cadencia loca y breve de las violas,
degüella a una heredera tan sólo por placer.

Súbito aparecer de un férreo caballero
impasible y cruel; pese a la hora, visible
en el gesto impreciso de una vieja que gime.
No tiembles, sobre todo ante sus claros ojos.

Del tan temido cielo de los crímenes
de amor viene este espectro. Niño de las honduras
nacerán de sus cuerpos extraños esplendores
y perfumado semen de su verga adorable.

Pétreo, negro granito sobre alfombra de lana,
la mano sobre el flanco, óyelo caminar.
Hacia el sol se dirige su cuerpo sin pecado
y tranquilo te tiende a orillas de su fuente.

Cada rito de sangre delega en un muchacho
para que inicie al niño en su primera prueba.
Sosiega tu temor y tu reciente angustia,
Chupa mi duro miembro como si fuese un helado.

Mordisquea con ternura su roce en tu mejilla,
besa mi pija tiesa, entierra en tu garganta
el bulto de mi verga tragado de una vez,
¡Ahógate de amor, vomita y haz tu mueca!

Adora de rodillas como un tótem sagrado
mi tatuado torso, adora hasta las lágrimas
mi sexo que se rompe, te azota como un arma,
adora mi bastón que te va a penetrar.

Brinca sobre tus ojos; y tu espíritu enhebra.
Inclina la cabeza y lo verás erguirse.
Notándolo tan noble y tan limpio a los besos
te postrarás rendido, diciéndole: “¡Madame!”

¡Escuchame, madame! ¡Madame, voy a morir!
¡La casa está embrujada! ¡La prisión vuela y tiembla!
¡Socorro, nos movemos!¡Unidos llevanos
a tu blanca capilla, Dama de la Merced!

Manda venir al sol; que llegue y me consuele.
¡Estrangula a esos gallos! ¡Adormece al verdugo!
Sonríe maligno el día detrás de mi ventana.
Para morir la cárcel es una pobre escuela.

En mi garganta inerme y pura, mi garganta
que mi mano más suave y formal que una viuda
roza bajo el tejido sin que me conmuevas.
Imprime la sonrisa de lobo de tus dientes.

¡Oh ven, sol hermosísimo, ven mi noche, de España,
acércate a mis ojos que mañana habrán muerto!
Llégate, abre la puerta, aproxima tus manos
Y llévame de aquí rumbo a nuestra aventura.

Despertar puede el cielo, florecer las estrellas,
no suspirar las flores, y, en los prados, la hierba.
Recibir el rocío que bebe la mañana,
Sonará la campana: solo yo moriré.

¡Ven, mi cielo de rosa, mi rubio canastillo!
En su noche visita al condenado a muerte.
¡Arráncate la carne, trepa, muerde, asesina,
Pero ven! Tu mejilla apoya en mi cabeza.

Aún no hemos terminado de hablar de nuestro amor,
aún no hemos acabado de fumar los “gitanes”.
Debemos preguntar por qué razón condenan
a un criminal, tan bello, que empalidece el día.

¡Amor, ven a mi boca! ¡Amor, abre tus puertas!
Recorre los pasillos, baja, rápido cruza,
vuela por la escalera más ágil que un pastor,
más suspenso en el aire que un vuelo de hojas muertas.

Atraviesa los muros, camina por el borde
de azoteas, de océanos; recúbrete de luz,
usa de la amenaza, de la plegaria usa,
pero ven, mi fragata, a una hora del fin.

Se arropan con la aurora los pétreos asesinos
en mi prisión abierta a un rumor de pinares
que la mecen, sujeta a delgadas maromas
trenzadas por marinos que broncea la mañana.

¿Quién dibuja en el techo la Rosa de los Vientos?
¿Quién en mi casa sueña, al fondo de su Hungría?
¿Qué chico ha robado en mi podrida paja
pensando en sus amigos al mismo despertar?

Divaga, ¡oh mi locura!, para mi gozo alumbra
un emoliente infierno repleto de soldados
con el torso desnudo y dorados pantalones;
lanza esas densas flores cuyo olor me fulmina.

De cualquier parte arranca las hazañas más locas.
Desnuda a los chiquillos, invéntate torturas,
mutila a la Belleza, desfigura los rostros
y ofrece la Guyana como lugar de encuentro.

¡Oh mi viejo Maroni!, ¡Oh Cayena la dulce!
Veo los volcados cuerpos de quince a veinte juramentos
en torno al crío rubio que apura las sobras
que escupen los guardianes entre el musgo y las flores.

Un cardo mojado basta para afligirnos.
Solitario y erguido entre tiesos helechos,
el más joven se apoya en sus lisas caderas,
inmóvil y esperando ser consagrado esposo.

Los viejos asesinos se apiñan para el rito.
En la tarde agachados prenden de un leño seco
una llama que roba, rápido, el jovencito
más emotivo y puro que un emotivo pene.

El más duro bandido, de lustrosos músculos,
con respeto se inclina ante el frágil mancebo.
Sube la luna al cielo. Una disputa amaina.
Tiemblan los enlutados pliegues de una bandera.

¡Te arropan con tal gracia tus mohines de encaje!
Con un hombro apoyado en la palmera cárdena
fumas y la humareda desciende a tu garganta
mientras los presos, en danza ritual,

Silenciosos y graves, por riguroso turno
aspiran de tu boca una pizca fragante,
una pizca y no dos, del anillo de humo
que empujas con la lengua. ¡Oh camarada triunfal!

Divinidad terrible, invisible y malvada,
tú quedas impasible, tenso, de metal claro,
sólo a ti mismo atento, dispensador fatal
recogido en las cuerdas de tu crujiente hamaca.

Tu alma delicada los montes atraviesa
acompañando siempre la milagrosa huida
de aquel que se ha fugado, muerto al fondo del valle
de una bala en el pecho, sin reparar en ti.

Elévate en el aire de la luna, mi vida.
En mi boca derrama el consistente semen
que pasa de tus labios a mis dientes, mi Amor,
a fin de fecundar nuestras nupcias dichosas.

Junta tu hermoso cuerpo contra el mío que muere
por darle por el culo a la puta más tierna.
Sopesando extasiado tus rotundas pelotas
mi pija de espada te enfila el corazón.

¡Mírala perfilada en su poniente que arde
y me va a consumir! Me queda poco tiempo,
llégate si te atreves, surge de tus estanques,
tus marismas, tu fango donde lanzas burbujas.

¡Oh, que me quemen, que me maten, almas que yo maté!
Miguel Ángel exhausto, en la vida esculpí,
pero la belleza siempre, Señor, yo la he servido:
mi vientre, mis rodillas, mis anhelantes manos.

Los gallos del cercado, la alondra mañanera,
las botellas de leche, una campana al viento,
pasos sobre la grava, mi celda clara y blanca.
Es alegre la paja en la negra prisión.

¡No tiemblo ya, Señores! Si rueda mi cabeza
en el fondo del cesto con los cabellos blancos,
mi pija para gozo en tu etérea cadera
o, para más belleza, mi pichón, en tu cuello.

¡Atento! Rey aciago de labios entreabiertos
accedo a tus jardines de desolada arena
en que inmóvil y erecto, con dos alzados dedos,
un velo de azul lino recubre tu cabeza.

¡Por un delirio idiota veo tu doble puro!
¡Amor! ¡Canción! ¡Mi reina! ¿Es tu espectro macho
visto durante el juego de tu pupila pálida
quien me examina así sobre la cal del muro?

No seas inclemente, deja cantar plegarias
a tu alma bohemia; concédeme otro abrazo…
¡Dios mío, voy a palmar sin poder estrujarte
en mi pecho y mi verga otra vez en la vida!

¡Perdóname, Señor, porque fui pecador!
Los lloros de mi voz, mi fiebre, mi aflicción,
el mal de abandonar mi muy amada Francia
¿No bastan, Señor mío, para ir a reposar
temblando de esperanza

en vuestros dulces brazos, vuestros castillos níveos?
Señor de antros oscuros, sé rezar todavía.
Soy yo, padre, el que un día a gritar prorrumpió:
¡Gloria al más ensalzado, al dios que me protege,
Hermes del blando pie!

Solicito a la muerte la paz, los largos sueños,
un canto de angelitos, sus perfumes y cintas,
angelotes de lana en tibias pañoletas,
y aguardo oscuras noches sin soles y sin lunas
sobre landas inmóviles.

Esta mañana no es la de mi ejecución.
Puedo dormir tranquilo. En el piso de arriba
mi lindo perezoso, mi perla, mi Jesús
despierta. Y pegará con su dura verga
en mi cráneo rapado.

Parece que a mi lado habita un epiléptico.
La prisión duerme en pie entre fúnebres cantos.
Si ven los marineros acercarse, los puertos
mis durmientes huirán a otra América.

miércoles, 30 de noviembre de 2016

Paula Jiménez España -Baltimore

Paula Jiménez España, Bs As, 23 de agosto 1969


Baltimore

Al ascender al buque
olvidaré aquella escala
donde el mar
atropellaba al inundado
y en las fondas los hombres
se reían
a carcajadas. Rabiosos
como perros contagiados
bajaban a los burdeles,
seleccionaban mujeres
por su color de pelo
o por el tamaño de sus culos,
a toda hora seleccionaban
con un jarro en la mano
espumoso
como sus bocas,
desbordadas como
sus pantalones ya justos
de tanto aguantar
los cinco meses
que esperaban Baltimore.
Han cambiado en esa fonda
tres veces al pianista
pasado por navaja
y ningún hombre
puede sostener ya
una nota en ese puerto.
La sola idea de la sangre
sobre el blanco
de las teclas
o el parquet viejo donde marcan
el ritmo los zapatos,
da escozor a los músicos
del pueblo, y por eso
el futuro muerto
es siempre un viajero.
Mentiría diciendo
que una mujer no puede
ser feliz en Baltimore.
Hablo de mí:
adoré a Dafne en una fonda
de Palermo, “parecés
un marinero de Baltimore”
dijo Mane, y ambas me arrojaron
a las orillas de este cuento.
Una, una vez,
de peluca amarilla
inquietantemente alegre
se cargó al músico
de un puñal en la tráquea.
Pasaron dos horas
y no había hombre
que se le resistiera. No había
hombre que no sintiese
miedo y el miedo
es la antesala
de la pasión. Enloquecían
por ella. Una pantera rubia
recostando su mirada
sobre una barra de madera
donde un barman cazador
la ignoraba y la quería.
La quería
como se puede querer
lo que se ignora.
Alguien bajó la tapa
del teclado y el piano
fue suplantado
por un coro de marinos
alemanes y borrachos
que chocaban entre sí los vasos
hasta pulverizarlos en el aire.
La fiesta y el muerto
duraron tirados en medio de la sala
hasta que el buque
llamó a ocupar los puestos.
Comienza así la pausa
que va de Baltimore
a Baltimore.
Mientras trabajan
colgando sogas enroscadas
en sus hombros
y trepando a los mástiles
sueñan con la próxima
noche y la próxima rubia,
aguardan
cansados ya de un mundo
sin privilegios
donde todos los océanos
idénticos
se iluminan a la misma hora,
presos
de los mismos ruidos,
gozando de una larga abstinencia.
Perturbados
hasta volver a Baltimore


otra vez
a ver morir al mismo músico.



lunes, 28 de noviembre de 2016

Oscar Hermes Villordo -Un niño espía a Emily Dickinson en su jardín

Oscar Hermes Villordo, Machagai, Chaco, 9 de mayo 1928 – Bs As, 1 de enero 1994


Un niño espía a Emily Dickinson en su jardín

Que la mirara un pájaro –hostilmente,
por supuesto, ¿qué hacía allí, la intrusa? -,
no era extraño, de modo que su frente
apenas se alteró, e indiferente
siguió sus ademanes de reclusa.

Ni un pájaro, ni un hombre
(ella, en ese caso, lo sabría)
la están espiando. Un niño es quién la espía
Un niño –la inocencia- , ése es su nombre.

Estaba en su jardín, arrodillada
sobre una capa roja. La mirada
curiosa la seguía entre las flores.
¿Por qué el niño guardó, de los colores,
el color de la capa? La memoria
es frágil, pero fiel. Esta es la historia:
“Estaba en su jardín, arrodillada
sobre una capa roja.” Después, nada.

Nada sino el jardín en donde corta
la memoria inmortal sus flores raras
y al que ella sólo entra. Qué le importa
que pájaros -¿o niños?- con sus caras
se asomen al jardín perecedero.
Ella es Emily Dickinson, y acepta.
Y mientras acomoda en el cantero
el brote por nacer, la tierra yerma,
como una flor perfecta
va abriéndose su alma en el poema.

sábado, 26 de noviembre de 2016

Claudia Schvartz -Rebelión del aire

Claudia Schvartz, Bs As, 3 de diciembre 1952


Rebelión del aire

Aquí en mi cuarto, todo me condena
El resto de la casa es un museo
que recorro con asombrado espanto

…………………………………………………

Años horizontal
con un libro del revés
esperando se abriera la puerta
letras y renglones danzaban sedientos
Yo escuchaba veía repasaba
Comprendía con terror la perspectiva
Todo estaba atrás pesando en el pasado
Que ardía con violencia explosiva
Tajeando historias vidas cuerpos

………………………………………………..

 el relato elocuente
 tristemente confuso
Del historiador sin ideología

………………………………………………..

El eje silencioso
La sombra del sentido
Si no todo locura

Y de esos hechos también yo era responsable
Aunque el hoy fuera un remoto entonces

No había silencio
ni descanso
hasta que un día la llave
abrió y cerró
 y abrió otra vez
sólo hacia el final
con claridad el nombre comprendí

la largamente efímera
rebelión del aire





foto Irma Verolín

jueves, 24 de noviembre de 2016

André Breton -La unión libre

André Breton, Tinchebray, 19 de febrero  1896 – París, 28 de septiembre 1966
Traducción Raúl Gustavo Aguirre


La unión libre

Mi mujer con cabellera de fuego de leña
Con pensamientos de relámpagos de calor
Con talle de reloj de arena
Mi mujer con talle de nutria entre los dientes del tigre
Mi mujer con boca de escarapela y de ramillete de estrellas de última magnitud
Con dientes de huellas de ratón blanco sobre la tierra blanca
Con lengua de ámbar y de vidrio frotados
Mi mujer con lengua de hostia apuñalada
Con lengua de muñeca que abre y cierra los ojos
Con lengua de piedra increíble
Mi mujer con pestañas de palotes que escriben los niños
Con cejas de borde de nido de golondrinas
Mi mujer con sienes de pizarra de techo de invernadero
Y de vaho en los cristales
Mi mujer con hombros de champagne
Y de fuente con cabezas de delfines bajo el hielo
Mi mujer con muñecas de fósforos
Mi mujer con dedos de azar y de as de corazón
Con dedos de heno segado
Mi mujer con axilas de marta y de bellotas
De noche de San Juan
De alheña y de nido de escalarias
Con brazos de espuma de mar y de esclusa
Y de mezcla de trigo y de molino
Mi mujer con piernas de cohete
Con movimientos de relojería y desesperación
Mi mujer con pantorrillas de médula de saúco
Mi mujer con pies de iniciales
Con pies de manojos de llaves con pies de pajaritos que beben
Mi mujer con cuello de cebada sin perlar
Mi mujer con garganta de Valle de Oro
De cita en el lecho mismo del torrente
Con senos nocturnos
Mi mujer con senos de topera marina
Mi mujer con senos de crisol de rubíes
Con senos de espectro de la rosa bajo el rocío
Mi mujer con vientre de despliegue de abanico de los días
Con vientre de garra gigante
Mi mujer con espalda de pájaro que huye vertical
Con espalda de azogue
Con espalda de luz
Con nuca de piedra de canto rodado y de tiza mojada
Y de caída de un vaso en que se acaba de beber
Mi mujer con caderas de barca
Con caderas de araña y de plumas de flecha
Y de canutos de plumas de pavo real blanco
De balanza insensible
Mi mujer con nalgas de greda y de amianto
Mi mujer con nalgas de lomo de cisne
Mi mujer con nalgas de primavera
Con sexo de gladiolo
Mi mujer con sexo de yacimiento y de ornitorrinco
Mi mujer con sexo de alga y de bombones viejos
Mi mujer con sexo de espejo
Mi mujer con ojos llenos de lágrimas
Con ojos de panoplia violeta y de aguja imantada
Mi mujer con ojos de sabana
Mi mujer con ojos de agua para beber en prisión
Mi mujer con ojos de bosque siempre bajo el hacha
Con ojos de nivel de agua de nivel de aire de tierra y de fuego

martes, 22 de noviembre de 2016

Zbigniew Herbert -Informe Desde La Ciudad Sitiada

Zbigniew Herbert, Leópolis, Ucrania, 29 de octubre 1924 – Varsovia, 28 de julio 1998
Versión Xaverio Ballester


Informe Desde La Ciudad Sitiada

Demasiado viejo para llevar las armas y luchar como los otros-

fui designado como un favor para el mediocre papel de cronista
registro -sin saber para quién- los acontecimientos del asedio

debo ser exacto mas no sé cuándo comenzó la invasión
hace doscientos años en diciembre septiembre* quizá ayer al amanecer
todos padecen aquí del deterioro de la noción del tiempo

nos quedó sólo el lugar el apego al lugar
aún poseemos las ruinas de los templos los espectros de jardines y casas
si perdemos nuestras ruinas nada nos quedará

escribo tal como sé en el ritmo de semanas inconclusas
lunes: almacenes vacíos la rata ha devenido moneda corriente
martes: alcalde asesinado por agentes desconocidos
miércoles: conversaciones sobre el armisticio el enemigo confinó a los legados
ignoramos dónde se encuentran esto es el lugar de su suplicio
jueves: tras una turbulenta asamblea se rechaza por mayoría de votos
la propuesta de los comerciantes de especias de rendición incondicional
viernes: comienza la peste
sábado: se ha suicidado un desconocido inflexible defensor
domingo: no hay agua rechazamos un ataque en la puerta este llamada Puerta de la Alianza

lo sé todo esto es monótono a nadie puede conmover

evito comentarios las emociones mantengo a raya escribo sobre hechos
aparentemente sólo ellos son valorados en los mercados foráneos
pero con cierto orgullo deseo informar al mundo
que gracias a la guerra hemos criado una nueva variedad de niños
a nuestros niños no les gustan los cuentos juegan a matar
despiertos y dormidos sueñan con la sopa el pan los huesos
exactamente como los perros y los gatos

al atardecer me gusta deambular por los confines de la Ciudad
a lo largo de las fronteras de nuestra libertad incierta
miro desde lo alto el hormigueo de los ejércitos sus luces
escucho el tronar de los tambores los alaridos bárbaros
en verdad es inconcebible que la Ciudad todavía se defienda

el asedio continúa los enemigos deben ser reemplazados
nada les une excepto el anhelo de nuestra destrucción
godos tártaros suecos huestes del César regimientos de la Transfiguración del Señor
quién los enumerará
los colores de los estandartes cambian como el bosque en el horizonte
desde el delicado amarillo de aves en primavera a través del
verde del rojo hasta el negro invernal

así al atardecer liberado de los hechos puedo pensar
en asuntos antiguos lejanos por ejemplo en nuestros
aliados de ultramar lo sé su compasión es sincera
envían harinas sacos de ánimo grasa y buenos consejos
ignoran incluso que nos traicionaron sus padres
nuestros ex-aliados desde los tiempos de la segunda Apocalípsis

sus hijos no tienen culpa merecen gratitud así que les estamos agradecidos
no sufrieron un asedio largo como una eternidad
a quienes alcanzó la desdicha están siempre solos
los defensores del Dalai-Lama kurdos montañeses afganos

ahora cuando escribo estas palabras los partidarios del pacto
conquistaron cierta ventaja sobre la fracción de los intransigentes
habituales las oscilaciones de ánimo los destinos aún se sopesan

los cementerios crecen disminuye el número de los defensores
pero la defensa perdura y perdurará hasta el final

y si cae la Ciudad y uno solo sobrevive
él portará consigo la Ciudad por los caminos del exilio
él será la Ciudad

miramos en el rostro del hambre el rostro del fuego el rostro de la muerte
y el peor de todos -el rostro de la traición
y sólo nuestro sueños no fueron humillados




 *La noche del 13 de Diciembre de 1981 fue decretado en todo el país el estado de guerra, el movimiento democrático «Solidaridad», el primer sindicato independiente en un país socialista, fue disuelto y declarados ilegales todos los acuerdos firmados entre el sindicato y el gobierno. A la declaración del estado de guerra siguió una represión generalizada. En Septiembre de 1939, por otra parte, dio comienzo, como es sabido, la segunda guerra mundial.


domingo, 20 de noviembre de 2016

José Asunción Silva -Nocturno

José Asunción Silva, Bogotá, 27 de noviembre 1865 – Bogotá, 24 de mayo 1896


Nocturno

Una noche
una noche toda llena de perfumes, de murmullos y de música de alas,
una noche
en que ardían en la sombra nupcial y húmeda, las luciérnagas fantásticas,
a mi lado, lentamente, contra mí ceñida, toda,
muda y pálida,
como si un presentimiento de amarguras infinitas,
hasta el fondo más secreto de tus fibras te agitara,
por la senda que atraviesa la llanura florecida
caminabas,
y la luna llena
y la luna pálida
por los cielos azulosos, infinitos y profundos
esparcía su luz blanca,
y tu sombra,
esbelta y ágil,
fina y lánguida,
y mi sombra
por los rayos de la luna proyectadas,
sobre las arenas tristes
de la senda se juntaban,
y eran una
¡y eran una sola sombra larga!
¡y eran una sola sombra larga!
¡y eran una sola sombra larga!

Esta noche,
solo; el alma
llena de las infinitas amarguras y agonías de tu muerte,
separado de ti misma,
por el tiempo, por la tumba y la distancia,
por el infinito negro,
donde nuestra voz no alcanza,
solo y mudo
por la senda caminaba,
y se oían los ladridos de los perros a la luna,
a la luna pálida
y el chirrido
de las ranas,
sentí frío, era el frío que tenían en la alcoba
tus mejillas y tus sienes y tus manos adoradas,
¡entre las blancuras níveas
de las mortuorias sábanas!
Era el frío del sepulcro, era el frío de la muerte,
Era el frío de la nada...

Y mi sombra
por los rayos de la luna proyectada,
iba sola,
iba sola,
¡iba sola por la senda solitaria!
y tu sombra esbelta y ágil
fina y lánguida,
como aquella noche alegre de la muerta primavera,
como aquella noche
llena de perfumes, de murmullos y de músicas de alas,
se acercó y marchó con ella,
se acercó y marchó con ella,
se acercó y marchó con ella...
¡Oh, las sombras enlazadas!
¡Oh, las sombras de los cuerpos
que se juntan con las sombras de las almas!
¡Oh las sombras que se buscan
en las noches de tristezas y de lágrimas!...



viernes, 18 de noviembre de 2016

Cristian Cottet -Ella tomando desayuno

Cristian Cottet, Santiago de Chile, 4 de noviembre 1955


Ella tomando desayuno

Ella tomando desayuno
parece un ave suelta entre las ramas
mirando de soslayo la otra mirada
que le sigue
ella tomando desayuno
sin ropas ni escondrijos
besando la taza con sus dedos
intentando decir algo que no sale
no es un adiós ni un buenosdías
ella tomando desayuno
despierta al barrio con su pelo
le digo que por favor
que no la olvido ni cuando está
frente a mi cara
tomando desayuno
ella sonríe también con sus dientes
un pan pide un pan con mermeladas
sus pies se enfrían de tanto mirarles
y ella descansa de la noche
descansa de los abrazos
no puedo más murmura
es hora de irnos no sé donde
es tiempo de morir para nosotros
y ríe de su lengua
y se enreda entre mis brazos
esta historia la recuperé de unos papeles
que sospechaba perdidos
y me viene un sollozo
no puedo llorar le digo
no importa
será para otra vez
quizás mañana
a la hora del desayuno
quizás mañana estemos solos en su cama
y no puedo soportar y lloro
de tanto
en tanto
lloro
sólo con verle
tomando desayuno.

miércoles, 16 de noviembre de 2016

Stéphane Mallarmé -Bríndis fúnebre

Stéphane Mallarmé, París, 18 de marzo 1842 - Francia, 9 de septiembre 1898 
Traducción Salvador Elizondo              


Bríndis fúnebre

                                                                                    a Théophile Gautier

Oh tú, de nuestra dicha el emblema fatal!

¡Salud de la demencia y pálida libación,
No a la esperanza mágica del corredor ofrezco
La hueca copa en que, áureo monstruo sufre!
Tu aparición no habrá de serme suficiente:
Yo mismo te he guardado en un lugar de pórfiro.
El rito de las manos es apagar la antorcha
Contra el pesado hierro de la fúnebre losa:

Y apenas ignoramos que a nuestra fiesta vienes
Porque es fácil cantar la ausencia de¡ poeta
Que este bello sepulcro encierra toda entera.
Si no es más que la gloria ardiente del oficio
Llegada la hora común y vil de la ceniza
Orgullosa descienda por el claro orificio
Y tome hacia los fuegos del puro sol mortal!

Magnífico, total y solitario, así
Tiembla ante el falso orgullo de los hombres.
Esta turba mezquina ya lo anuncia: que somos
La triste opacidad de nuestro espectro futuro.
Mas desprecié el lúcido horror de una lágrima
Blasón de duelo que orna el vano muro
Cuando sordo a mi sacro verso que no lo alarma,
Uno de esos paseantes, ciego, impasible y mudo,
El huésped de su vago sudario, en el héroe
Virginal de la póstuma espera se transmuta.
Vasto abismo traído en la masa de bruma
Por el viento irascible de sus palabras tácitas,
La nada había abolido a este hombre hace mucho:
«Recuerdo de horizontes ¿qué es, oh tú, la Tierra?»
Clama el sueño y, voz de alterada claridad,
Todo el espacio juega con el grito « ¡No sé! »

Al pasar el Maestro, con su mirar profundo
Del edén apacigua la inquieta maravilla
Cuyo espasmo final sólo en su voz aviva
Para el Lirio y la Rosa el misterio de un nombre.
¿De todo este destino queda algo todavía?
Olvidad, oh vosotros, creencia tan sombría.
El genio, espléndido y eterno, no arroja sombra alguna.
¡Yo, atento a vuestras ansias quiero volver a ver
Al que desvanecido ayer en la tarea
Ideal que nos imponen los jardines del astro,
Sobrevive para el honor del tranquilo desastre
Una agitación solemne por los aires
De palabras, púrpura ebria y clarísimo cáliz
Que, lluvia y diamante, la mirada diáfana
Posada entre las flores sin marchitar ninguna
Aísla entre la hora y la alborada!

Es el único sitio entre estos bosquecillos
Donde el poeta puro con gesto humilde y amplio
Impide el paso al sueño, enemigo de su arte:
Para que en la mañana de su reposo altivo,
Cuando la antigua muerte sea como para Gautier
No abrir ya más los ojos sagrados y callar
Suda, de la avenida tributario ornamento,
El sólido sepulcro que guarda lo que turba
El avaro silencio y la masiva noche.



lunes, 14 de noviembre de 2016

Liliana Campazzo -IX

Liliana Campazzo, CABA, 4 de septiembre 1959


IX

La cosa es que una se muere para siempre
queda la escoba los vidrios sucios
algo flotando en el lavarropas
los libros de las otras sobre la mesa
la rúbrica en el aire,
gesto destrapado,
una carta sin final
rastros del placer en el cenicero robado en un bar de Los Altares
la cosa es que una se muere para siempre
se muere de escritura
moneda impune
señor juez hablábamos de qué

sábado, 12 de noviembre de 2016

León Rozitchner -Dedicatoria final

León Rozitchner, Chivilcoy, 24 de septiembre 1924 - Bs As, 4 de septiembre 2011


Dedicatoria final

Creo que me duele mucho y por eso no puedo.
Tengo que ir a buscar a mano mis recuerdos
más allá de la pantalla y del teclado,
horadar con mi mano labradora
abriendo un hueco en la tierra de mi cuerpo y mi pasado
para encontrar ese fruto escondido y temido en tu cara/judía
lejos de una patria que no dejaste nunca.

Me duele ese pasado y por eso no podía escribirte.
Hay cosas que nos unen pero no podían ser dichas.
Abro mi computadora donde leo: "Carta a León Sigal",
17 de abril de 1996, pero no hay nada escrito.
Fue después de verte en París que quise hacerlo.
No la escribí nunca.
Está vacío, sólo el ancho espacio en blanco.
Debo escribirla ahora para decirte algo,
de tu pasado pluscuamperfecto a mi futuro imperfecto.
Me atrevo quizás porque estás muerto.

Debo soportar entonces ver de nuevo
lo que más nos unió y nos separaba,
la mujer cuyo amor compartimos
y que se sumergió en el mar,
arrojada viva
desde un avión de la Marina.
Y allí debo ir a buscarte para encontrarte de nuevo.
Aparecés junto a ella al evocarte
y por eso creo que no puedo.
Encontraría su muerte al evocar la tuya.

Yo la quería y te quería.
Lloro por vos
lloro por ella
lloro por mí,
desaparecidos dispersos por el mundo.
Lloró también tu corazón
que se quebró en Francia de dolores escondidos,
quizás como al mío lo cerró un espasmo doloroso
en la esquina de Saint Germain y Saint Jacques,
donde los encontré de pronto una tarde juntos.
Éramos muchos santos juntos.
Lloro por tu corazón que sangraba como el mío
y que no pudimos nunca hablar de ella,
¿qué podíamos decirnos si callábamos tanto?

Yo escribí "Ser judío"
pero sólo vos lo eras.
Tu cara traía guiños y arrugas del pasado
engranados como los relojes que tu padre arregalaba,
en la mirada perdedora y triste de tus ojos claros
mientras disimulabas una lánguida cojera.
Desde ella un niño callado sabiamente espiando nos/sobraba
desde el fondo de tu historia que me era
y me seguirá siendo obscura.

Me pregunto por vos para evocarte
y sólo me responde un "Soy el que soy",
con el que Dios se anuncia en la Biblia judía.
Al pronunciar tu nombre me sorprendo,
se confunde el tuyo con el mío.
León por León
me resuena tu presencia ida
como si del otro lado yo siguiera vivo
mientras me miro muerto en el León que se ha ido.
En algún lugar oscuro somos los dos uno,
León por León,
León por Diana
en ella confundidos.
Sos el que fuiste,
es cierto,
pero elle me confunde
nos confunde
mezclados y separados
por la distancia abierta
de ambas muertes
como si sólo esperara que la mía llegue
para cerrar esta trinidad vaciada.

Nuestro destino fugaz
por un instante
nos unió para siempre
en lo absoluto
sin quererlo,
porque ambos la quisimos.

Diana Guerrero.
Arrojada desde el aire por ese avión de la Armada /Argentina

habrá volado por los cielos como un ángel de seda,
habrá desafiado espléndida al destino siniestro con sus
/alas,
habrá vencido al horror con sus ojos verdes todavía
/abiertos
mientras las ráfagas del viento la arrastraban,
atraída por el mar, rozando con su rostro el fondo de la
/arena,
absorta ante la muerte,
devorada por la muerte,
como lo estoy hoy
al evocar la de ella con la tuya.
Como quizás ambos la evocábamos en silencio
cuando nos veíamos
sin decirnos nada.
Yo digo hoy Kadish en tu tumba llena,
y también en su tumba de agua, líquida y vacía.

Por eso no te escribí antes
por eso quizás no escribo una novela
ni hago versos
porque no sé qué hacer con los recuerdos
de mis padres y de mis amigos muertos.
No sé qué hacer
cuando una muerte
como la tuya
abre la mía
y siento como si hoy fuera
el último día de la vida.
Soy un sobreviviente moribundo
que quiere vencer la muerte con más vida
y rememoro en este instante final
la vida entera,
lo más bello de ella
que lo contiene todo.
Los trozos escogidos más bellos de la vida.

Polvo enamorado sólo fuimos antes,
que se lleva el viento o el mar, como se la llevó a ella,
pececito de colores y hermosa cabellera ondeando en lo
/profundo
del mar de nuestra vida.
Soy quien por tu muerte vuelvo a encontrarla
al encontrarte,
nos estamos yendo juntos,
cada uno por su lado,
uno por uno,
como se va la gente,
unidos para siempre
en el silencio de la nada,
que está plena y vacía
como el Ser de Hegel
que pensábamos los tres
cuando creíamos en la filosofía.

Y hoy León, como quizás vos lo dijiste en lengua
/hebrea,
te digo al evocarte
lo que no pude decirte cuando te veía.
Cada uno dice y también se dice su propio Kadish
/como puede.
Como si fuera el último día de la vida.

jueves, 10 de noviembre de 2016

Paul Claudel -Verlaine

Paul Claudel, Francia, 6 de agosto 1868 – París, 23 de febrero 1955
Traducción Miguel Frontán Alfonso.


Verlaine

I

Débil Verlaine

El niño demasiado grande, el niño mal decidido a ser hombre, lleno de secretos y lleno de amenazas,
El vagabundo de largos pasos que comienza, Rimbaud, y que se va de sitio en sitio,
Antes de que encuentre allá su infierno tan definitivo como esta tierra lo permite,
El sol delante suyo para siempre y el silencio más completo,
He aquí que desembarca por primera vez, y lo hace en medio de esos horribles hombres
de letras y en los cafés,
No teniendo nada para revelar, solamente que ha encontrado de nuevo la Eternidad,
No teniendo nada para revelar, solamente que nosotros no estamos en el mundo.
Sólo un hombre en medio de la risa y del humo y de los vasos de cerveza,
todos esos monóculos y esas barbas sucias,
Uno sólo miró a ese niño y comprendió quien era,
Miró a Rimbaud y para él se terminó de ahora en adelante
El Parnaso Contemporáneo y el pequeño negocio donde se fabrican
Esos sonetos que caminan solos como petacas musicales.
Ya nada significa nada, todo está roto, ni siquiera su joven mujer amada,
Siempre y cuando pueda seguir a ese niño.
¿Qué es lo que dice en medio de sus blasfemias y de sus sueños?
Sólo a medias entiende lo que dice pero esa mitad le basta.
El otro mira hacia lo lejos con sus ojos azules, ignorando todo lo que tras de sí arrastra.
¡Débil Verlaine, quédate ahora solo, ya que no puedes ir más lejos!
Rimbaud se va y no lo volverás a ver; y lo que se queda en un rincón,
Furioso, a medias loco y peligroso para la seguridad pública,
Los belgas lo recogen cuidadosamente y lo encierran en una prisión de ladrillos.

Está solo. Se halla en perfecto estado de hundimiento y de abandono.
Su mujer le notifica un juicio de separación.
La Buena Canción ha sido cantada y ya no existe la modesta felicidad.
Solamente existe, a un metro de sus ojos, el muro desnudo.
Afuera, el mundo que lo excluye y, adentro, Paul Verlaine,
La herida, y el gusto en él de esas cosas que no son sólo humanas,
Allá arriba la ventana es tan pequeña que no deja ver otra cosa que el cielo
Y, desde la mañana hasta la noche, está sentado y contempla el muro,
El interior de ese lugar en donde está y que lo preserva del peligro,
De ese castillo gracias al cual toda la miseria humana es enjugada,
Impregnado de dolor y de sangre como el lienzo de la Verónica,
Hasta que nazca la imagen y el rostro allí contenidos,
Resucitados del fondo de los tiempos ante su rostro ofuscado,
Esa boca que calla y esos ojos que poco a poco lo miran,
El hombre extraño que poco a poco se transforma en mi Dios y mi Señor,
Jesús, más interior que la vergüenza, que le muestra y le abre su Corazón.

Y si trataste de olvidar el pacto que en esa hora hiciste,
Lamentable Verlaine, poeta, ¡ay, cómo te la ingeniaste mal!
Ese arte de vivir honorablemente con todos sus pecados
Como si no existiesen desde el momento en que los escondemos,
Ese arte moldeable como la cera de acomodar el Evangelio con el mundo,
¡Cómo nada entendiste de ello, especie de soldado inmundo!
¡Glotón! fue breve el vino en tu vientre y la hez profunda.
La capa delgada de alcohol en tu vaso y el azúcar artificial,
¡Cómo te dabas prisa a terminarlas para encontrar la hiel!
¡Cómo fue breve el vendedor de vinos al lado del hospital!
¡Cómo fue breve el libertinaje triste al lado de la pobreza fundamental!
¡Tan grande en veinte años por las calles latinas, que fue para todos un escándalo,
Privación de la tierra y del cielo, falta de hombres y falta de Dios!
Hasta que en el fondo mismo de todo te fuese permitido morder,
Morder y morir en esa muerte que estaba ordenada para ti,
En esa habitación de prostituta, la cara contra el suelo,
¡Tan desnudo en el suelo como el niño que sale enteramente desnudo del vientre de su madre!


II

El irreductible

Fue ese marinero abandonado en tierra y que le provoca lástima a la gendarmería,
Con sus dos centavos de tabaco, su prontuario belga y su permiso judicial para llegar a París.
Marinero para siempre privado de la mar, vagabundo de una ruta sin kilómetros,
Domicilio desconocido, profesión, ninguna... "Verlaine, hombre de letras".
El desgraciado, en efecto, hace versos para los cuales Anatole France no tiene indulgencia:
Cuando se escribe en francés es para hacerse entender,
El hombre, sin embargo, con su pierna rígida es tan gracioso que lo ha puesto en una de sus novelas.
A veces le pagan un vaso de aguardiente; es célebre entre los estudiantes.
Pero lo que ha escrito son cosas que no pueden leerse sin indignación,
Ya que tienen trece pies a veces y ningún sentido.
El premio Archon-Despérouses no es para él ni la mirada del señor de Montyon que está en el cielo.
Es el aficionado irrisorio en medio de los profesionales.
Todo el mundo le da buenos consejos; si se muere de hambre es por su culpa.
Nadie se deja envolver por ese famoso mistificador.
En cuanto al dinero, apenas si hay para los Señores Profesores
Que más tarde darán cursos sobre él y que, todos, han sido condecorados con la Legión de Honor.

Nosotros no conocemos a este hombre ni sabemos quién es.

El viejo Sócrates calvo gruñe en su barba enredada;
Un ajenjo cuesta cincuenta céntimos y se necesitan al menos cuatro para emborracharse:
Pero él prefiere estar ebrio antes que parecerse a alguno de nosotros.
Puesto que su corazón está como envenenado después del día en que lo pervirtió
Esa voz de mujer o de niño - o de un ángel que le hablaba en el paraíso.
¡Que Catulle Mendès se quede con la gloria y Sully Prudhomme, ese gran poeta!
Él se niega a recibir su patente de cobre y su gorra de trabajo.
¡Que otros se reserven el placer con la virtud, las mujeres, el honor y los cigarros!
Él se acuesta desnudo en un hotelucho con una indiferencia tártara,
Conoce a los vendedores de vino por su nombre de pila y se halla en el hospital como en su casa:
Pero más vale estar muerto que ser como la gente de aquí.

Celebremos, pues, todos juntos a Verlaine, ahora que nos dicen que está muerto.
Era la única cosa que le faltaba, y lo que es aún más increíble
Es que, todos, entendemos sus versos, ahora que nuestras señoritas nos los cantan con la música
Compuesta para ellos por grandes compositores con toda clase de acompañamientos seráficos.
El hombre viejo y célebre se ha marchado: ha vuelto a ese barco del que había descendido
Y que lo esperaba en ese negro puerto, pero nosotros de nada nos dimos cuenta,
Solamente oímos la detonación de la gran vela que se hincha
y el ruido de una quilla poderosa en medio de la espuma,
Solamente oímos una voz como una voz de mujer o de niño o de un ángel que llamaba:
¡Verlaine!, en medio de la bruma.


martes, 8 de noviembre de 2016

Guillermo Pilía -Un tren que se aleja en la bruma

Guillermo Pilía, La Plata, 29 de octubre 1958


Un tren que se aleja en la bruma

La felicidad, solamente unos instantes:
el cielo azul de un domingo de franco;
el olor de la carne asada que traía
el viento de la tarde; “este es el día
que hizo el Señor” en la mañana de la Pascua;
una música que creíamos perdida;
el sabor del café en la madrugada
de Burdeos, ya partiendo hacia España;
esa liturgia de dos cuerpos en amor;
en Toledo contemplar “El entierro
del Conde de Orgaz”; caminar acompañados
por una calle de Colonia o Buenos Aires.
Uno es feliz y apenas se da cuenta
y entonces ya es un tren que se aleja en la bruma.

domingo, 6 de noviembre de 2016

Paul Verlaine -Noche del Walpurgis clásico

Paul Verlaine, Metz, 30 de marzo 1844 – París, 8 de enero 1896
Versión Lino Mondino


Noche del Walpurgis clásico

Era más bien el sabbat del segundo Fausto,
un rítmico sabbat, rítmico, extremadamente
rítmico. Imaginen un jardín de Lenôtre,
correcto, ridículo y encantador.

Unas plazas; en el centro, los surtidores;
unas avenidas  muy rectas, bosques de mármol,
dioses marinos de bronce, aquí y allá, unas Venus
expuestas; unos tres telares, unos huertos;

castaños, parcelas de flores formando dunas;
aquí, unos rosales enanos que un sabio gusto alinea;
más allá, unos tejos tallados en triángulos.
La luna de una noche de verano sobre todo esto.

Suena la medianoche y despierta en el fondo
del parque áulico con un aire melancólico,
un sordo, lento y dulce aire de caza, tan dulce,
lento, sordo y triste como el aire de caza de Tannhauser.

Cantos velados de lejanos cuernos de caza,
donde la ternura de los sentidos abraza
el espanto del alma de los acordes armoniosamente
disonantes  de la embriaguez; y ya la llamada de las trompas

se entrelaza de repente a unas formas muy blancas,
diáfanas, y que el claro de luna las hace
opalinas entre la sombra  verde de ramas:
-¡Un Watteau soñado por Raffet!-

Se entrelazan entre las sombras verdes de los árboles
con un gesto decaído, lleno de profunda desesperación;
luego, alrededor de los macizos, de los bronces
y de los mármoles, muy lentamente bailan en círculo.

Estos espectros agitados, ¿son el pensamiento
del poeta ebrio o son su lamento, o su remordimiento,
Esos espectros agitados en turba cadencia,
O, simplemente, no son más que muertos?

¿Son tus remordimientos, oh desvarío que invita  al horror,
son tu lamento o tu pensamiento, todos esos espectros
que un vértigo irresistible agita,
o son sólo muertos que estuvieron locos?

¡No importa van siempre, los febriles fantasmas,
llevando su ronda grande y triste, tambaleando,
como en un rayo de sol los átomos,
y evaporándose al instante.

Húmeda y pálida, el alba silencia una tras otra
las trompas, de tal modo que no queda absolutamente nada
–absolutamente– más que un jardín de Lenôtre,
correcto, ridículo y encantador.

viernes, 4 de noviembre de 2016

César Tiempo -Biálik

César Tiempo, Ucrania, 3 de marzo 1906 – Bs As, 24 de octubre 1980


Biálik

El 5 de Julio la Associated Press dio la noticia al mundo:
falleció en Viena Jáim Najman Biálik.

Pasaron veinte días y en la misma ciudad
ultimaron a Dollfuss, el “Millermetternich”.

¡Cuidado con los poetas
cuyos puños golpean sobre las mesas de los verdugos!

Los diarios de la colectividad
pudieron publicar la noticia en “Sociales”
junto a la crónica de la fiesta
con que la familia Barabánchik
celebra la circuncisión de su vástago.

Tengo un corazón violento
y una voz áspera.

Cruzo la calle de la judería
con mi rencor y mi dolor a cuestas.

Hermanos de Buenos Aires:
nuestro más alto poeta ha muerto.
Como en los Salmos
Dios le ciñó de fuerzas e hizo perfecto su camino.

Minkowsky fue la lágrima,
Biálik la imprecación.

Y ambos se pudrirán bajo la tierra
frente a los ojos ciegos de la noche tremenda.

Un cielo en mangas de camisa corre sobre los tejados.

Los buhoneros juegan en el “Pilsen” su diuturna partida de dominó.

Las muchachas que quieren casarse no pasan bajo los andamios.

Señores burgueses que infringís todos los Mandamientos
y estáis los sábados sobre vuestros libros de tapas negras
pasándoles las manos por el lomo a las cifras
para que se alarguen como gatos,
os he visto en los templos resplandecientes
-apartados como los pur sangs en los bretes suntuosos-
con los ojillos redondos y desvaídos
y las altas galeras y los thaléisem de seda pura,
queriendo sobornar a Dios
que os conoce mejor que vuestros empleados.

Jáim Najman Biálik ha muerto.

Hoy en el “Internacional” hay pescado relleno
y un buen stock de doctores para vuestras pobres hijas lánguidas.

¿Quién se acuerda de las masacres de Ukrania,
de la tempestad delirante de los pogroms,
cuando los juliganes violaban a vuestras madres
y estabais en los sótanos temblorosos e inútiles
como la luz que lame los espejos?

Biálik clamó, tronó sobre las negras aguas
y su risa iracunda corrió como un viento loco sobre las aldeas.
“El pueblo es una hierba marchita,
se ha puesto seco como una madera.”
Y hubo jóvenes que supieron sacudirse como lobeznos
y sus dientes agudos despedazaron nuestra humillación.

Jáim Najman Biálik ha muerto.

Los chamarileros sonríen en las puertas de su pandemonio.

Los Lacrozes están más verdes que nunca.

Echa tu pan sobre las aguas, dice el Eclesiastés.

Da gusto oír a Mischa Elman desde una muelle butaca del Colón.

Gorki dijo que con Biálik el pueblo judío había dado una nuevo Homero al mundo.

¿El Banco Israelita le daría un crédito a sola firma?

Voces:
-Esta noche cuando cierre el negocio, mientras mojo la tostada en el vaso de té,
le voy a decir a mi señora que me lea El Pájaro y El Jardín, y después de comer
vamos a ir al Teatro Ombú; para ser de la “Comisión” hay que estar “preparado”.

Jáim Najman Biálik ha muerto.

-Mamá ¿me lavo la cabeza con querosén y me pongo el vestido de raso celeste
para ir a la Biblioteca? -Bueno, querida, a ver si consigues un novio como la gente,
que ya es tiempo.

Jáim Najman Biálik ha muerto.

En la puerta de la Cocina Popular nuestros hermanos, los que no se atreven
a morirse de hambre, esperan su ración.

Jáim Najman Biálik ha muerto.

Nuestras piernas se arrastran en las más profundas ciénagas de la noche
y sobre nuestras cabezas brilla una luz pura.

En Tel Aviv hubo un poeta.

¿Y ahora?

miércoles, 2 de noviembre de 2016

León Felipe -La palabra

León Felipe, España, 11 de abril 1884 – México, 18 de septiembre 1968 


La palabra

Pero ¿qué están hablando esos poetas de ahí de la palabra?
Siempre en discusiones de modisto:
que si desceñida o apretada . . .
que si la túnica o que si la casaca…
La palabra es un ladrillo, ¿Me oísteis?… ¿Me ha oído usted, Señor Arcipreste?
Un ladrillo. El ladrillo para levantar la Torre… y la Torre
tiene que ser alta… alta, alta…
hasta que no pueda ser más alta.
Hasta que llegue a la última cornisa
de la última ventana
del último sol
y no pueda ser más alta.
Hasta que ya entonces no quede más que un ladrillo solo,
el último ladrillo… la última palabra,
Para tirárselo a Dios,
con la fuerza de la blasfemia o de la plegaria…
Y romperle la frente… a ver si dentro de su cráneo
está la Luz o está la Nada.